ANTONIO OCHOA IBARRA (Educador)

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Su llegada a este mundo tuvo lugar en la ciudad de Culiacán, en 1918; un año después de promulgada la nueva Constitución Política (1917). El país no terminaba por dejar atrás la etapa cruenta de la revolución; dos años antes, México se había debatido entre el hambre y el caos político. Un año después del nacimiento del niño Antonio Ochoa Ibarra, fue asesinado Emiliano Zapata; en 1920, don Venustiano Carranza moriría en esa misma forma. Poco más de una década pasaría para que nuestro país iniciara la etapa de consolidación de sus instituciones.

Don Antonio Ochoa, padre de Antonio Ochoa Ibarra, fue por muchos años conserje del Colegio Civil Rosales (creado el 18 de octubre de 1922); desde su modesto puesto, don Antonio observaba el diario transitar de maestros y alumnospor los pasillos de la noble institución; a través de las ventanas cuando el trabajo permitía, el viejo conserje escuchaba a aquellos maestros a quien admiraba por la facilidad de palabra con la que impartían sus clases, y no perdía oportunidad para entablar charlas, con alumnos y maestros, con quien guardó siempre amistad y respeto.

Tal vez ese ambiente en que desarrollaba su trabajo influyó, para animar a su hijo Antonio a que siguiera los pasos de jóvenes que a diario acudían a recibir catedra de aquellos avezados maestros.

El joven Antonio Ochoa Ibarra, no defraudó a su padre y en 1940, un año antes de que la Universidad Socialista del Noroeste, pasara a ser la Universidad de Sinaloa, se graduó como maestro Normalista, con las mejores calificaciones.

Tuvosu primera experiencia como docente, en la comunidad de El Walamo, municipio de Mazatlán; después la autoridad educativa, dispuso su traslado a Escuinapa, donde contrajo nupcias con la maestra Godoleva Simental, con quien formaría una familia compuesta además, por Irma, David, Rebeca y Laura Elia.

En 1947 las necesidades de servicio llevaron a la pareja a trabajar a la escuela oficial de la vieja villa de Concordia, donde permanecieron cinco ciclos escolares.

Durante el efímero gobierno del Lic. Enrique Pérez Arce, se suscitaron algunos conflictos, que llevaron a los maestros a enfrentarse al gobierno en busca de mejores percepciones económicas; Antonio Ochoa Ibarra, se distinguió por la firmeza de sus convicciones sindicales y su postura de no claudicar en las justas aspiraciones de sus compañeros. Sin embargo las acciones del gobierno fueron drásticas y el matrimonio fue transferido, de Concordia a San Miguel Zapotitlán, municipio de Ahome, en 1952.

Pero nada es para siempre en este mundo y después de aquellos vientos de fronda, la pareja de maestros fue ubicada en el pueblo colonial de Cosalá; ella como maestra de grupo, él, como director. Desde entonces la imagen del profesor Antonio Ochoa Ibarra, se consolidó como magnífico educador y hombre de servicio a la comunidad. Su obra es recordada por los cosaltecos a quien sirvió sin distingo.Se identificó con sus problemas y ellos reconocieron su vocación de servicio y gran sentido humanista.

Se destacó como gestor incansable. Su labor rindió frutos y logró la construcción de nuevas aulas y sanitarios en su escuela, digna de admirarse por sus bellos jardines, árboles frutales y ornato; teatro al aire libre, barda perimetral. Fue muy reconocida la disposición que siempre tuvopara solucionar algún problemaen su escuela.

Sin más, tomaba herramientas o cuchara de albañil, para arreglarlo; estas acciones no distraían sus responsabilidades como director o como encargado de grupo. Fue un hombre práctico y motivó a sus alumnos y  compañeros maestros para que siguieran sus pasos y no esperar a que otros vinieran a arreglar la casa.

Fue sin duda honesto, por ello, los padres de familia respondían a su llamado cuando algún problema afectaba la buena marcha de la escuela.

Demostró a propios y extraños de qué estaba hecho, cuando teniendo sólo tres ciclos escolares trabajando los cosaltecos lo eligieron presidente municipal. Su llegada al H. Ayuntamiento (1957-59),lo distinguió por un pulcro manejo del paupérrimo presupuesto asignado; sin embargo aprovechado sus buenas relaciones con los habitantes y el gobierno del estado, y manejando meticulosamente los dineros, realizó una magnífica obra social que quedó para la posteridad.

Fue gestor permanente para la introducción del agua potable; llevó a cabo la reparación del parque Cañedo. Obtuvoel acuerdo para construir el hospital de salubridad y Asistencia, asesorado y con participación del gobierno del estado. Mejoró en buena parte, no sólo la cabecera, sino otros pueblos del municipio, parte del presupuesto lo dedicó a mejorar campos deportivos con graderías, escuelas y promover todo tipo de actividades culturales, sociales y deportivas.

Concluido su periodo en el Ayuntamiento, se integró de nuevo a su responsabilidad como director de escuela. Desde ahí organizó a los padres de familia para la construcción de la primera escuela secundaria. Aprovechó para ello, las buenas relaciones que hizo con el gobernador Gabriel Leyva Velázquez.

El profesor Antonio Ochoa Ibarra, recorrió la escala desde maestro rural a supervisor de zona escolar. Dejó su impronta en el campo educativo y social. Sin embargo, sus días terminaron cuando empezaban.En 1966, unlamentable accidente de carretera terminó con su existenciacumplidos los 46 años de edad. Un choque con otro vehículo a la altura del crucero del (hoy desaparecido) pueblo de Conitaca, terminó con su vida, dejando heridos a sus acompañantes. Sólo la muerte pudo truncarsus planes de trabajo y de servicio a la sociedad. El magisterio sinaloense manifestó su consternación por aquel infausto acontecimiento.  Los educadores en la transformación social de Sinaloa, Historias de vida, Teodoso Navidad Salazar, 2017.

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