ESTELA MILLÁN BASTIDAS (Educadora y poeta)

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El amanecer del 21 de diciembre de 2013 me trajo la infausta noticia del fallecimiento de la maestra Esthela Millán Bastidas. Esta maravillosa mujer que entregó 52 años de su vida al servicio educativo; fue sin duda el prototipo de la maestra formada a base de esfuerzo y disciplina; cualquier deuda con la vida quedó saldada.

Al conocer el trágico acontecimiento, sentí un escalofrío, no sólo por el misterio que envuelve la partida, sino porque con su desaparición terrenal, se había cerrado un ciclo en la vida de esta familia a la que me unen lazos indisolubles. Estaba a punto de cumplir 93 años y su salud se había deteriorado considerablemente en los últimos tiempos. La muerte debió haber sido como un bálsamo para su cansado cuerpo y estoy convencido de que emprendió el viaje con la certidumbre del deber cumplido. Su mente hacía tiempo se había escapado, aunque conservaba algunos destellos de lucidez que la regresaban a los mejores recuerdos.

La maestra pasó sus últimos días rodeada del cariño de sus hijas, nietos y sobrinos. Amó entrañablemente a su familia y su profesión. Fue una mujer introvertida; reía poco. Era educada y sencilla. Ya en confianza, su charla era amena. Tomó el hábito de la lectura con religiosidad. Su habilidad para escribir estuvo sustentada en buenos libros y en su inteligencia natural. Hacía ya tiempo platiqué con ella en su casa de Culiacán, para lograr esta entrevista. Confieso que no fue fácil. Sin embargo accedió.

Recuerdo que con emoción me mostró documentos oficiales; nombramientos, comisiones, etcétera, así como hojas sueltas donde su alma de poeta logró cristalizar versos; poemas que inspiró la niñez, la escuela, la madre,  así como la historia patria.

En esa entrevista se remontó a su infancia; volvió sobre sus pasos  a los años maravillosos de su juventud y mencionó a Carmen Catalán (novia de Rafael Buelna, el granito de oro). También recordó a Otila Tostado, Magdalena Velázquez, Candelaria Martínez,  Mariana Díaz de Lafarga, Felicitas Crisóstomo: sus maestras.

En esa charla vivió de nuevo su estancia en su querido San Ignacio, punto de reunión familiar en semana Santa, donde en más de alguna vez conviví con ella y con su hermana Otila Macrina.

En ese reencuentro recordó a sus compañeros del coro de la iglesia de San Ignacio, ubicada pocos pasos de la vieja casona familiar. Recordó también los viejos tiempos en que forjó planes; algunos de los que, como suele pasar, quedaron en sueños e ilusiones. Pude observar su rostro iluminarse cuando me platicó sobre sus padres, sus hermanos, el río Piaxtla, los juegos de la infancia feliz y despreocupada. Noté que esos recuerdos despertaban en ella  nuevas emociones y entusiasmo por vivir.

Nuestra entrevistada nació en la cabecera del municipio de San Ignacio, Sinaloa, el 3 de febrero de 1921. Era la época del México eminentemente rural; de caminos transitables sólo en ciertas épocas del año. El México donde a la educación tenían acceso una minoría privilegiada, y donde la gran masa se debatía en la miseria y la desolación. La maestra Esthela Millán nació en el contexto de una revolución que había diezmado considerablemente a la población mexicana. Era los años de gloria del presidente Álvaro Obregón Salido. Más tarde y siendo una joven en pleno ejercicio de su profesión, Esthela Millán se horrorizó con los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial. Fue una mujer creyente pero combatió los fanatismos, lastre que en muchas regiones del mundo no deja avanzar a la humanidad.

Fue la sexta hija del matrimonio procreado por don Gilberto Milán y Susana Bastidas, donde afirmó el respeto a la vida y el trabajo honrado. Sus hermanos todos fallecidos ya, fueron Bertha, Victoria, Alejandrina, Otila Macrina, Gilberto y Luis Daniel.

En esa charla la maestra Esthela, me dijo…mis padres eran muy apegados a nosotros; él, era estricto, exigente, buen padre. Se preocupó por educarnos. Mi madre era una mujer de su casa; hacendosa y limpia, callada y dedicada a los hijos.

Esthela cursó la primaria en la escuela Josefa Ortiz de Domínguez. Fue buena alumna. Demostró dotes de actriz y poetisa. Con el tiempo se desempeñó como oficial del H. Ayuntamiento de San Ignacio. Después el profesor Gabriel Torróntegui, que entonces era supervisor escolar, la propuso para ocupar una plaza  de maestra estatal. Fue al encuentro con su destino y no se equivocó. Laboró en el ejido El Barrio, municipio de Culiacán. Luego pasó al sistema educativo federal, ubicándose en la comunidad de El Coacoyol, donde trabajó durante 10 años. En la escuela Gral. Antonio Rosales, en la colonia del mismo nombre de la ciudad de Culiacán, laboró durante 14 años. Una de sus aspiraciones de estar en Culiacán, era la que de sus hijas Guadalupe del Socorro, Blanca Esthela y Martha Susana, estudiaran: las tres se inclinaron por el magisterio, para bien de la niñez sinaloense.

Más tarde laboró en la escuela Julio G. Arce durante 3 ciclos escolares.  Por ese tiempo se tituló como maestra en el Instituto Federal de Capacitación del Magisterio, destacando en literatura y manualidades. En esa entrevista la maestra Esthela comentó que sus experiencias en la enseñanza, que disfrutó instruyendo a sus alumnos entre cantos y rimas y poesías, cuentos e historias. Recordó sus poemas. Me confió que sus grupos eran muy numerosos…muchos niños querían ser mis alumnos. Eso me alagaba. Me sentía plena, los niños son mi alegría, mi vida.

Sus alumnos ganaron concursos y competencias con temas de historia y español. Cuando El Sol de Sinaloa, convocó al Encuentro de poesía sobre la madre, una composición suya declamada por sus alumnos obtuvo el primer lugar. Tiempo después la Secretaría de Educación Pública, convocó al concurso de poesía sobre Benito Juárez, y de nuevo obtuvo el primer lugar en Sinaloa.

En 1973  se le ubicó en la escuela Josué R. Díaz, de la colonia Las Huertas, de la ciudad de Culiacán, donde laboró 10 años. En 1983 ascendió a supervisora escolar y se le ubicó en la zona escolar de San Ignacio. Y se retiró en 1997. Por sus 52 años de servicio fue condecorada con las preseas al Mérito Magisterial Rafael Ramírez e Ignacio Manuel Altamirano, amén de innumerablesreconocimientos de autoridades educativas, Ayuntamientos,autoridades sindicales, maestros, alumnos y padres de familia.

Cuando sus restos mortales bajaban a la cripta familiar, quise dirigirle algunas palabras a manera de despedida, pero sentí que algo me ahogaba y no pude. Hoy en este espacio, le escribo lo que no pude decir aquella fría tarde.

“Maestra descanse en paz. Educar fue una misión del más alto nivel que le fue encomendada y usted cumplió con creces. 52 años de entrega a la niñez son prueba plena del compromiso cumplido con los niños y niñas de México. Hoy que se reencuentra en el regazo de sus padres a los que tanto amó, puede decirles con dignidad, con la frente en alto, que no falló, que fiel a principios y valores por ellos inculcados, cumplió a cabalidad con el compromiso contraído en esta tierra, donde ha dejado el dolor por su partida, pero donde también nos deja escritas con su maravillosa prosa de poetisa, las mejores páginas de amor en quienes le hemos querido.

Ahora que se reencuentras con su hija, con sus hermanos, sus padres y otros familiares, podrá corroborar que ha sido una mujer afortunada, porque cosechó el cariño y el amor que sembró. No sabemos que misión le será encomendada, pero conociendo su entrega y su pasión por las mejores causas, seguro estoy, que seguirá honrando los valores en los que creció y en los que supo educar a tantas generaciones de mexicanos. Los educadores en la transformación social de Sinaloa, Historias de vida, Teodoso Navidad Salazar, 2017.

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