Hernando de Santarén

  Badiraguato

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Nació en la villa de Hueste, Castilla la Vieja, España.

 

Misionero jesuita.

Estudió filosofía y letras en el Colegio Belmonte en 1584; Ingresó a la Compañía de Jesús, que lo envió a la Nueva España; desembarcó en Veracruz en 1588. Fue enviado a Sinaloa en el año 1592, siendo el primer sacerdote que llegó a Guasave, y empezó su labor evangelizadora a la sombra de un macapule; fue ahí donde lo encontró en 1595 el padre Hernando de Villafañe, a quien se le confiere el mérito de haber creado la primera misión de la Compañía de Jesús en Guasave. La labor de los jesuitas se vio entorpecida por la arisca actitud asumida por los indígenas, soliviantados por brujos y hechiceros que veían en los blancos un peligro al inculcar una nueva religión que proscribía el paganismo, y toda forma bárbara de vivir.

Santarén catequizó a las tribus de Sinaloa y Durango, sin importarle hambre y sed, enfermedades y soledad, arrostrando las agresiones constantes de quienes trataban de arrancar de la barbarie; construyó más de cien pequeñas iglesias y catorce residencias con su escuela anexa para la Compañía de Jesús, y abrió caminos.

 

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Hernando de Santarén, fundador de esta misión de Badiraguato.

Escribió varios libros sobre gramática indígena y sobre costumbres y usos de los nativos de tan apartada región de la Nueva España. Sobre los acaxees, Santarén escribió en 1604 lo siguiente:

                 “Sus muertos, a los cuales encogían luego en muriendo, antes que se halasen, juntaban sus rodillas con la boca y así los tenían hasta que se helaban, y quedaban hechos una bola y así los metían en una covacha, sin echarles tierra encima, y tapaban la boca de la cueva o metíanles debajo de alguna peña y dejábanles allí un poco de pinole para el camino, que es el viático y matalote con que camina de ordinario, también les dejaban el arco y las flechas por si se les hubiere menester para su viaje”.

Vasija con muerto

Para los acaxees y los demás indígenas de los vastos reinos de Nueva Vizcaya y Nueva Galicia, la muerte no significaba el descanso eterno sino tan sólo un viaje que se emprendía con gran alegría ya que siempre se tenía presente el regreso inevitable.  En 1609 fue nombrado rector del Colegio de Santiago de Ocoroni en Sinaloa, y luego visitador de las misiones a partir de 1612. Un viejo cacique y hechicero perseguido por los españoles, regaló un arco a uno de los jefes más influyentes de los tepehuanes, asegurándole que lo había recibido de un misterioso señor que prometía liberar a todas las tribus del yugo de la religión del blanco, matando a los soldados y religiosos, fue así como, al parecer, se inició el levantamiento de los tepehuanes, uno de los más violentos que se tenga memoria en el país. A la anterior leyenda se le añadieron otras más como la de que un indio había sido tragado por la tierra al resistirse a aceptar la nueva religión y la de un muerto que se levantó para traer un mensaje del dios de los tepehuanes en que pedían a los de su raza lanzarse contra los españoles y aniquilarlos porque eran enemigos de sus costumbres y porque sus intenciones eran las de adueñarse de sus riquezas. Se fijó la fecha del 21 de noviembre de 1616 para el levantamiento general, pero la llegada el día 16 de una recua con mercancías a Santa Catarina adelantó el alzamiento indígena. Fue una matanza atroz la que realizaron los tepehuanes, sin importarles mujeres, niños ni ancianos. Santarén, en visita misional, fue muerto por los tepehuanes en el camino de San Ignacio a Santiago Papasquiaro el 19 de noviembre de 1616, cuando tenía 49 años, 34 de ellos como miembro de la Compañía de Jesús.

Tomado del libro Sinaloa Historia y Destino de Herberto Sinagawa Montoya. 2004

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