JAIME NORBERTO ORTEGA LANDEROS (Educador)

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El ruido de la hojarasca es maravilloso. El cielo luce un traje nublado. El viento mueve en suave vaivén las copas de los árboles; tal parece que la lluvia no tardará en llegar.

Sentados en el patio de su casa, frente a una mesita de madera color caoba, el maestro observa la grabadora y con voz modulada como si estuviera frente al grupo o ante un nutrido auditorio, inicia su charla. Lo escucho y me trasporto  a 1970, cuando fui alumno de en la escuela Gral. Ángel Flores, en Eldorado, donde era director, mi entrevistado.

Me parece verle a la entrada del plantel, recibiendo y apresurando a los muchachos, ya fuera para la formación de rutina o para realizar el homenaje a la bandera los lunes. Siempre impecablemente vestido. Zapatos relucientes y su pelo negro bien peinado.

Algunos chamacos se rezagaban comprando pirulines, raspados, o leyendo lo más reciente de alguna revista de Kalimán, Arndú, Memín Pinguín por mencionar algunas; entonces su voz vibrante se dejaba escuchar –Esa gente, a qué hora van allegar– decía, mientras nos apresurábamos para evitar el regaño, al que también se hacían acreedores aquellos que se iban a apedrear mangos en las huertas de Redo o iban a bañarse al canal, en el recreo.

Fuera de todo aquello, la vida transcurría de manera normal, magníficas jornadas de clase, entre risas y juegos despreocupados, en los pasillos y en los patios.

El profesor Jaime, fue el prototipo del maestro puntual. Primero en llegar y último en abandonar la escuela. A tantos años de distancia veo su rostro sonriente, fresco; un ser humano de excepción, con ganas de vivir y ser útil a la sociedad eldoradense. Aunque ya pinta canas observo al estimado maestro, vigoroso.

Nació en La Loma de Redo, el 12 de febrero de 1938, casi un mes antes de que el presidente Lázaro Cárdenas expropiara el petróleo a las compañías extranjeras. Fueron sus padres Eusebio Ortega Ochoa y María Landeros Calderón. Él fue el último de cuatro hermanos. Por necesidades de trabajo su familia se trasladó a Eldorado, donde su padre se empleó como operador de maquinaria. El ingenio azucarero estaba en su mejor momento y centenas de obreros, con sus loncheras, se veían entrar o salir en los tres turnos de aquella factoría.

El niño Jaime Norberto realizó sus estudios en la escuela Gral. Ángel Flores. Durante esa etapa de su vida siempre que podía acompañaba a su padre a la fábrica. Como todo niño, que admira a su padre, mi aspiración era ser mecánico. Él murió en un accidente cuando yo tenía ocho años. Eso nos cambió la vida radicalmente. Mi madre instaló un comercio por allá por rumbo de la iglesia. Todos trabajamos muy duro para salir adelante. A las cuatro de la mañana nos levantábamos para ir al mercado para hacer las compras y surtir el comercio de mi madre. Así crecimos. Mi madre fue una magnífica mujer, nos unió y nos hizo gente de bien.

En octubre de 1953, Jaime Norberto ingresó al Internado del Estado. Había vivido apegado a su casa, por lo fue muy difícil soportar la ausencia de su familia. En 1955, por decisión propia se retiró para no regresar jamás.

En esa charla el maestro Ortega Landeros comentó que su señora madre se opuso a que fuera mecánico, por lo que a través del maestro Francisco Hernández  Camacho, contactó al maestro Ángel Zapata, supervisor de la zona escolar quien lo autorizó para que realizara sus primeras prácticas en la escuela Gral. Ángel Flores.

En 1955, ingresó a laborar oficialmente a la escuela Francisco I. Madero, en la comunidad de San Diego, muy cercana a Eldorado. Aquello fue una locura-comentó el maestro-me tocó atender un grupo de ciento quince alumnos de primer año; no había mobiliario. Sólo un pizarrón dividía a los otros grupos atendidos por otro compañero; frente a la escuela había un abarrote donde funcionaba un tocadiscos que el señor usaba para enviar música a los habitantes o a quienes cumplían años. Te imaginas cómo podíamos trabajar– señaló sonriente el maestro, ofreciéndome un vaso de agua de horchata.

Los ejemplos de sus maestros en la primaria como Diego Cárdenas, Daniel Carrillo Cruz, Francisco Hernández Camacho, Víctor Benítez Zárate y Ramón Valdez Osuna, señaló Jaime Norberto, fueron determinantes en sus inicios para cumplir con sus obligaciones laborales.

Después de tres años obtuvo su base definitiva, de manos del Director de Educación Benjamín Muñoz Iriguayo. En 1957, la autoridad educativa lo envió a fundar la escuela en la comunidad de La Constancia, cerca de Estación Obispo. Fue una escuela humilde, pero trabajé muy feliz con mis muchachos– recordó nostálgico el maestro Jaime.

En el ciclo escolar siguiente fue asignado con nombramiento de director a la escuela de El Melón, sindicatura de Quilá. Luego pasaría a Portaceli, sindicatura de Eldorado. Cabe destacar que en todas las comunidades donde nuestro personaje laboró siempre desarrolló una magnífica labor social, que tuvo el reconocimiento de sus habitantes.

Por no ser maestro titulado, no se aceptó su cambio a Eldorado, por lo que fue enviado a la comunidad de San Manuel a escasos siete kilómetros de Eldorado. En cambio a la sindicatura de Eldorado llegaron compañeros que sí lo eran; venían de Veracruz, Nuevo Laredo y otros estados del país. Nuestro personaje  comprendió la necesidad de titularse como tal; en 1958 ingresó al Instituto Federal de Capacitación del Magisterio y logró el tan ansiado título, en 1964, con magníficas calificaciones.

Comentó el maestro Jaime, que por ese entonces existía la figura de Supervisor de inspectores escolares (lo que hoy son las Jefaturas de Sector), ese supervisor fue el maestro Dionisio Saldaña. En cierta ocasión y sin previo aviso llegó el maestro Dionisio a San Manuel,para realizar una evaluación a sus alumnos que salieron bien librados y él, recibió por escrito un reconocimiento por el aprovechamiento de sus pupilos. –recuerdo que entré por necesidad al magisterio y terminé por enamórame de mi profesión- comentó orgulloso Jaime Norberto Ortega Landeros.

Entre sus compañeros recordó a Carlos Padilla Campaña, Rafael Hernández, Joaquín Alejandro Castro, Manuel de los Ríos, Graciela Montaño Márquez, una mujer muy inteligente, con quien contendió por el primer lugar y quien terminó ganándole por algunas décimas de punto.

No fue hasta 1963, cuando nuestro personaje llegó a Eldorado, para reencontrase con antiguos amigos como Candelario Aceves, Pedro Ventura Elías, Evaristo Payán, Cornelio Duarte Ríos  y José Iriarte.

Cabe recordar que la escuela Ángel Flores fue construida en 1954, bajo el régimen del gobernador Dr. Rigoberto Aguilar Pico. Funcionaba en un solo turno y su director era el siempre bien recordado Natalio Landeros Ramos. Era insuficiente, ya que era escuela de concentración de toda la región, hasta los pasillos se habían habilitado para atender 38 grupos.

El primer año de su llegada a Eldorado atendió quinto grado, y al año siguiente 6°; de ese grupo sobresalió el alumno Benito Urquídez Gaspar, quien ganó el concurso en toda la región y conquistó la oportunidad de saludar al presidente de México Lic. Adolfo López Mateos.

En 1997, el maestro Jaime Norberto Ortega Landeros, causó baja por jubilación. Dedicó parte de su vida al servicio social. Destaca la organización de los habitantes de comunidades, para gestionar mejoras de servicios elementales, como agua potable, electrificación y servicios médicos. En Eldorado apoyó la fundación de  la escuela secundaria Valentín Gómez Farías, que funcionó en distintos edificios; tiempo más tarde gracias a la gestión del diputado Víctor Bodart, maestros y vecinos, se logró tener su propio edificio. También impulsó la fundación de la preparatoria que después se incorporó a la Universidad Autónoma de Sinaloa

Nuestro personaje recibió las condecoraciones al Mérito Magisterial Rafael Ramírez e Ignacio Manuel Altamirano, por sus treinta y cuarenta años de servicio. Ha recibido reconocimientos por parte de la sociedad eldoradense, el H. Ayuntamiento de Culiacán; sociedades de Padres de Familia, alumnos, así como de sus compañeros maestros.

En administración pública se desempeñó como Delegado de Tránsito Municipal, Secretario de la Sindicatura. En la labor cívica y social fue tesorero del patronato de Cruz Roja, presidente de la Junta de Vecinos, y representante electoral.

El maestro Jaime casó con Ofelia Bojórquez Pérez con quien formó una familia integrada por sus hijas Xóchitl, Miriam, Soraya y María Luisa. – Mi mujer y yo, formamos un gran equipo, ella fue determinante para sacar adelante a la familia- comentó con satisfacción el estimado maestro. (Entrevista mayo de 2002), Los educadores en la transformación social de Sinaloa, Historias de vida, Teodoso Navidad Salazar, 2017.

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