LÁZARO GASTELUM RIVERA (Educador)

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Lázaro Gastélum Rivera, nació en la comunidad de Tasajera, sindicatura de Tameapa, municipio de Badiraguato, Sinaloa, el 17 de diciembre de 1944. Sus padres Abelino Gastélum Salomón (ya fallecido) y Martina Rivera formaron una familia con sólidos valores, inculcándoles el respeto a los demás, a la vida y sobre todo al trabajo honrado.

Lázaro, al igual que sus hermanos, Enrique, María Eva, Jesús, Laura Elena y Cleotilde, se criaron en un ambiente de extrema pobreza, pero en un hogar integrado, donde tuvieron siempre los mejores ejemplos. Sus primeros estudios los realizó en Tameapa. En aquellos años era el punto obligado, pues por ser una comunidad importante funcionaba ahí una escuela de concentración. Es decir que un gran número de niños que deseaban prepararse tenían que dejar sus comunidades y albergarse con amistades o familiares de Tameapa para lograr su objetivo.

Fue mi tío Enrique Salomón el que me indujo, el que me orientó por este camino de la docencia, que es muy delicado pero muy hermoso- Mientras expresa lo anterior, puedo ver el rostro del maestro Lázaro con dejo de satisfacción. Su charla es tranquila. Habla con paciencia, sin prisas; su sola presencia trasmite tranquilidad.

Claro que el apoyo de mis padres fue determinante en mi formación como ser humano, y luego como maestro  – Expresó nuestro entrevistado.

En 1958, cuando contaba con 14 años de edad abandoné el seno familiar y me trasladé a Culiacán encontrando un espacio en la Escuela Normal de Sinaloa, que dirigía la profesora Agustina Achoy. Ahí concluí los estudios de secundaria y estando inscrito en el primer año en el Instituto Federal de Capacitación del Magisterio se presentó la oportunidad de una plaza de maestro municipal, y como ya señalé que la situación económica era muy precaria en mi hogar, donde mi padre era un campesino, que trabajaba al diario y mi madre ama de casa, vi entonces la oportunidad de contribuir ya no al gasto familiar sino al sostenimiento de mis estudios.

Mi primera experiencia con la categoría de maestro municipal fue en la comunidad de La Tuna. Recuerdo que mi padre me llevó a caballo hicimos 12 horas, de camino desde Tameapa. Lo más triste se dio, cuando al día siguiente, mi padre emprendió el regreso y yo me quedé allá, donde no conocía a nadie, siendo yo un joven inexperto y apegado a mi familia, debo confesarlo, estuve a punto de que se me salieron las lágrimas.

Vi el rostro de nuestro entrevistado y me pareció que volvió a vivir aquel momento emotivo ya muy lejano; sus ojos se empañaron momentáneamente, unos segundos después continuó– fue difícil ese momento, pero me hice fuerte y asumí el papel que me correspondía. La gente era buena, me aceptó me dieron calor de hogar, los niños igual, y a trabajar.

La entrevista se desarrolló en la sala de su casa. En la mesa de centro luce un jarrón blanco con flores frescas; también observé la carpeta que contenía documentos que me fue mostrando a la vez que me informaba de que se trataba cada uno de ellos.

El maestro Lázaro Gastélum, lucía un traje de color caqui, y zapatos café bien lustrados. Se acomodó en el sillón cruzando la pierna. Respiró fuerte y volvió sobre sus pasos, por el camino de los recuerdos y sus ojos, que tal vez reflejaban la nostalgia por aquellos tiempos idos, se entrecierran, como queriendo precisar los tiempos.

De la comunidad de La Tuna, la autoridad dispuso mi cambio a otro ranchito llamado El Ermitaño. El 1966 que egresé del Instituto Federal de Capacitación del Magisterio, ya tenía yo, laborando 3 años como maestro municipal y entonces mi hermano, Enrique que también era maestro renunció a su clave, para obtener la de director, y con esa clave se me extendió nombramiento como maestro federal y fui a trabajar a San José del Llano, en ese mismo municipio.

Ya en el periodo escolar 1967- 68 me cambiaron a Bamopa y al año siguiente regresé a Tameapa que era donde mis padres vivían, desde hacía tiempo.

En 1980 me vine a Culiacán, con la encomienda de fundar una escuela en la colonia Rafael Buelna, en el turno vespertino, en la zona escolar 050.

En 1984 logré mi clave de director y la doble plaza. En 1990 regresé a la zona 41 de Badiraguato como auxiliar administrativo, cuyo inspector era Ulises Lares Carrillo.

Sin dejar de platicar, mi entrevistado me ofreció un vaso de refresco; luego continuó…tengo muy bonitos recuerdos, excelentes experiencias de mis andares por las comunidades donde laboré. Quiero mucho a esa gente y creo que ellos también; eso lo compruebo cuando he regresado y encuentro a quienes fueron mis alumnos, creo que dejé un buen recuerdo; mi trabajo y responsabilidad hablan por mí. La responsabilidad es palabra clave, eso lo aprendí en mi hogar y de mis primeros maestros, entre los que recuerdo están Domingo Pérez, Elma Angulo, Hilda Juárez, Manuel Flores, Eduardo Pereda, Elvira Angulo, entre otros.

En esa charla el maestro Lázaro Gastélum Rivera, recordó su paso por la escuela Normal y con ello a sus compañeros Carlos Loaiza, Nayar y Gonzalo Montero Bañuelos, David Rubio que fue con los que más convivió; y hoy, a los 37 años de servicio cumplidos, piensa que es el momento del retiro; ahora, cuando aún tienen fuerzas, para emprender nuevos planes.

Consideró el maestro que ese era el momento oportuno para dar paso a la sangre nueva, a las nuevas generaciones de maestros que traen nuevas ideas y ganas de servirle al país, a la sociedad, a los niños y jóvenes. Recomendó a los jóvenes que lean mucho. El que no lee no amplía su vocabulario, el que no sabe leer es como el que está mudo. A los maestros, aconsejó cumplimiento con responsabilidad, con ética, con entrega. El trabajo de un maestro es delicado. Hay que guiar a los niños con empeño, con paciencia.

Rodeado del cariño de su esposa Martha Iribe, y sus hijos Wilfrido, Luis Raúl, Oscar Manuel, Martha Lizeth y de algunos nietos, nuestro personaje es feliz, y quiere disfrutarlos, empezar una nueva etapa en su vida familiar. Los educadores en la transformación social de Sinaloa, Historias de vida, Teodoso Navidad Salazar, 2017, Toponimia, Geografía e Historia de Sinaloa, tomo 7, Bad-Navolato, 2011, Archivo Histórico General del Estado de Sinaloa.

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