MANUEL LIRA MARRÓN (Educador y cronista)

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Nuestro personaje llegó a tierras sinaloenses, específicamente a El Fuerte, en 1954. Siendo un jovencito de tan sólo 20 años (había nacido en Guadalajara, Jalisco en 1934), se integró como maestro de escuela primaria y más tarde, su obra educativa quedaría plasmada en decenas de generaciones de jóvenes estudiantes de la escuela Secundaria Federal Ignacio Ramírez, Colegio de Bachilleres del Estado de Sinaloa Gral. Pablo Macías Valenzuela, plantel 07, de El Fuerte, donde fue subdirector, así como de la preparatoria de la Universidad Autónoma de Sinaloa

Supo estar a la altura de los tiempos que le tocó vivir. Se tituló como maestro Normalista, con especialidad en historia, egresado de la Escuela Normal Superior de México y  Dibujante Industrial; ya establecido en El Fuerte, cursó el diplomado en Geografía e Historia de Sinaloa, en el Centro de Estudios Históricos del Noroeste; todo ello lo convirtió en ávido lector de historia regional, que le fue de utilidad en sus cátedras.

Aunque fue un conocedor de la historia universal, en particular se interiorizó en la historia de Sinaloa. Sus trabajos sobre esta materia fueron publicados en La Jornada semanal, El Financiero; en las revistas Crónicas del Zuaque, Avance, Amanecer, Sinna, y en el semanario cultural Ancla y Estrella, de la compañía periodística El Debate, así como en otros órganos culturales del estado.

Publicó los libros Monografía de la ciudad de El Fuerte (2006); Crónica mayo,y el Video Petroglifos del Norte de Sinaloa (Pacmyc, 2005).

Manuel Lira Marrón fue probo a carta cabal. Se distinguió como asesor del Consejo de Turismo del Ayuntamiento de El Fuerte, Consejero Municipal de Educación; Integrante de la Corresponsalía del Seminario de Cultura Mexicana y miembro de la Sociedad de Historia de Sinaloa. Como ya ha quedado escrito, fue un hombre de servicio; perteneció al Club de Leones de El Fuerte, fue miembro de la Crónica de Sinaloa, así como de la Asociación Nacional de Cornistas de Ciudades Mexicanas.

Además de gran deportista, logró una gran colección fotográfica de petroglifos tomadas en lugares emblemáticos de la región del norte del estado de Sinaloa, como las del Cerro de la Máscara, Huites, entre otros.Su aporte en el rescate y conservación de las tradiciones culturales de nuestros antepasados fue importante y reconocida.

Fue un excelente conversador. Gustaba de la música clásica pero fue un apasionado de la música mexicana en todos sus géneros. Siempre se distinguió por su vestir impecable; se inició como aprendiz de sastre en la adolescencia, más tarde fue un profesional de este oficio que practicó para su beneficio por casi medio siglo ya que confeccionaba sus propios trajes que le daban un aire de fina elegancia.

Su figura es enorme. Honró siempre a su familia, su trabajo, a sus conciudadanos y a sus amigos. Su legado literario, histórico y cultural quedó como ejemplo para todo aquel que, siendo sinaloense por nacimiento, no conoce Sinaloa, como Lira lo hizo. El maestro conoció y amó Sinaloa desde su llegada a esta tierra fértil, bronca, de amplios litorales, de inmensas llanuras y de agreste geografía, pero de hombres y mujeres francos y de trabajo, que le recibieron como a todo aquel mexicano o extranjero que viene a sumarse al trabajo, que engrandece y dignifica al ser humano. Porque Lira se identificó, desde su llegada, como hombre de bien, como mexicano humilde en busca de su destino; y aquí, en Sinaloa lo encontró, formando una familia, que hoy más que nunca debe estar orgullosa de él, pues demostró, a propios y extraños, los valores que deben identificar siempre al hombre y a la mujer.

La empresa Creativos Siete, el Archivo Histórico General del Estado de Sinaloa y La Crónica de Sinaloa (institución de la que fue miembro), publicaron el libro Viñetas de mi tierra (2008); trabajo de muchos años que Manuel Lira Marrón nos legó para que no olvidemos nuestra identidad, patrimonio y tradición musical que ha influido en el carácter del mexicano, que desafía a la muerte, que canta al amor y la naturaleza hecha río, pájaro, árbol, cielo, estrellas, luna o sol, y a la mujer, en la metáfora de una varita de nardo; o que en el corrido ensalza la vida del héroe campirano que se libera del cacique injusto o el revolucionario que dio la vida en aras de un mundo mejor. Viñetas de mi tierra, fue, un reconocimiento a su trayectoria en el campo de la historia y la docencia, porque fue hombre tenaz en todas las tareas que emprendió, elemento que lo hizo un hombre exitoso.

La muerte de un amigo siempre deja un profundo vacío en nuestras vidas; vacío que el paso del tiempo no alcanza a llenar, mucho menos cuando se trata de un ser humano de la talla de Manuel Lira Marrón.

Su trayectoria es una huella indeleble en el corazón de los que le quisimos: su familia, los que tuvieron la fortuna de ser sus alumnos y aquellos a quienes distinguió con su amistad; cuando esto es así, ese vacío se hace cada vez mayor. Lira se ha marchado para siempre, dejándonos en el eco de los vientos, la nostalgia por los tiempos que vivió. Seguramente que en el imaginario de la gente que lo amó, vivirá y le recordará como lo que fue, un hombre que supo hacer de la amistad un ejercicio cotidiano.

La misma tierra que un día le viera llegar con paso firme, a El Fuerte, Sinaloa, con todo el vigor de su juventud, abriéndole sus abrazos como bienvenida, esa misma tierra lo recibió en su seno, el 8 de enero de 2009, como una madre amorosa recibe a un hijo después de un largo viaje, que llega cansado de tanto andar, de sus pies y de sus pasos, para quedarse por siempre en su regazo (había muerto el 7 de enero). Los educadores en la transformación social de Sinaloa, Historias de vida, Teodoso Navidad Salazar, 2017.

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