MARGARITO RIVAS PAYÁN (Educador)

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Originario del Potrero de Los Gastélum, sindicatura de San Benito, Mocorito, nuestro entrevistado nació un 17 de diciembre de 1941. Sus padres fueron Inés Payán Espinoza y Guadalupe Rivas Gastélum. Sus hermanos son Gertrudis, Guadalupe, Angelina, Luz del Carmen e Inés Wilfredo.

Siendo muy pequeño, su familia se trasladó al municipio de Angostura, de donde era originario su padre, en busca de mejores horizontes. Don Inés se dedicó a la agricultura y crianza de ganado; su esposa a las labores propias del hogar. El niño Margarito cursó su educación primaria en escuelas de las comunidades de El Batallón, El Ébano y en la cabecera municipal.

Su padre aunque hombre de poca instrucción educativa, tenía la seguridad de que sus hijos, sólo labrándose una carrera profesional, podrían aspirar a una vida mejor, así es que ¿quién mejor que él, que conocía las rudas labores del campo para  orientarlos a prepararse? De modo que al concluir sus estudios primarios, Margarito abandonó el hogar con las recomendaciones de su padre y consejos de su señora madre, para empezar a construirse su propio destino.

Sus padres deseaban estudiara leyes, mientras que él aspiraba a ser médico. Pero sus pretensiones de inscribirse en la escuela Pre vocacional no se cumplieron por lo que se inscribió en la secundaria de la Escuela Normal, dirigida por la recordada maestra Emilia Obeso López. Tal vez la influencia de los maestros, señala el maestro Rivas Payán, fue determinante para que se inclinara por el magisterio. Al evocar el tiempo de antes que aun aprisionan los recuerdos, Rivas payán expresó:

Aquellos maestros asumían un doble papel, el de mentores y un trato paternal para con los alumnos; imaginas a maestros como Reinaldo González, Merceditas González de Acosta, Inocencio Cervantes, Dora Josefina Ayala, Enrique Romero Jiménez, Emilia Obeso, Lucila Achoy Guzmán, Alfredo Ibarra Jumillas, Cesar Franco, Héctor Manuel Sotelo Barreda. Uno se dejaba conducir y ellos lo hicieron conmigo de manera tan maravillosa, que cuando menos pensé, ya estaba frente a un grupopracticando. ¡Fueron vivencias inolvidables¡

Entre 1959 y 1964, nuestro personaje terminó estudios de secundaria y normal. Luego vendría el primer nombramiento, firmado por el profesor Margarito Gutiérrez, a la sazón Sub-director de Educación. Partió con emoción, junto con diez compañeros que la superioridad comisionó, para crear el turno vespertino en la Escuela Jaime Nunó de la ciudad de Guasave, entre los que el maestro Rivas recuerda a Jesús Arnulfo Lim Rivera, Oscar Ramírez, Santiago Ramos Salazar, Teresita Olivos, Guadalupe Zárate Duarte, Mercedes Lizárraga, siendo el supervisor escolar el profesor Daniel Carrillo Cruz.

Recuerdo- comentó nuestro personaje- que el presidente municipal nos brindó una comida de bienvenida y mis compañeros quisieron que yo, diera las palabras de agradecimiento. Sentí que no iba a poder ordenar mis ideas, pero me hice fuerte y guardé la calma, recordé los consejos de mis maestros y  salí adelante.

La gente de Guasave es maravillosa, los padres de familia nos invitaban a comer de manera constante a sus casas, nos entregaron la confianza para educar a sus hijos; lo demás ya quedaba en nuestras manos. Aquella primera experiencia docente fue definitiva para consolidar mi vocación de servicio; dos ciclos escolares de trabajo en el aula, en la comunidad y en el deporte. Organizábamos encuentros entre los niños de otras escuelas, entre los maestros y hasta los mismos padres en plena camaradería con los maestros jugábamos partidos amistosos en los que no pocas veces se caldeaban los ánimos, porque había entre ambos bandos magníficos jugadores. No había duda no me había equivocado al elegir mi profesión, traté de cumplir al límite de mi capacidad y en consecuencia el inspector Carrillo Cruz me nombró maestro de un Centro de Cooperación Pedagógica, que organizábamos en Estación León Fonseca, en el mismo municipio de Guasave. Ahí aprendí de maestros que no estaban titulados, pero tenían práctica y conocimientos que nosotros no traíamos.

En 1967 nuestro entrevistado contrajo nupcias con María de la Luz Barraza López, que había sido su compañera en la escuela Normal y que también se desempeñaba como maestra. De ese matrimonio habría de procrearse a Inés Alberto, Eva Luz, Karina Margarita, esta última, fallecida cuando la vida empezaba a sonreírle y faltándole sólo un semestre para concluir su carrera de medicina; también hubo una pequeña que murió a escasos días de nacida.

Al ciclo escolar siguiente la superioridad educativa dispone que pase a prestar sus servicios a una escuela de la colonia 6 de Enero de esta ciudad capital; posteriormente se le comisiona a la escuela Ramón F. Iturbe, ubicada en la 9ª. Zona Militar y ahí se estableció por más de 18 años en el turno vespertino. Poco después alternó sus clases en la primaria con la cátedra de ciencias naturales en la Escuela Normal de Sinaloa; con el tiempo la autoridad educativa le comisionó de tiempo completo a esta institución forjadora de docentes, donde también impartió Historia y geografía de Sinaloa y Desarrollo de la comunidad.

Rivas Payán fue desde siempre hombre inquieto. Deseoso por superarse cursó la licenciatura de Biología, en la Escuela Normal de Nayarit; asistió a talleres pedagógicos para actualizarse de acuerdo a las reforma educativas de 1972, participó en la capacitación de maestros para el manejo de los nuevos libros de educación primaria en diferentes municipios del estado. Para ello acudió a cursos y diplomados donde a su vez fue capacitado. Fue alumno de magníficas calificaciones, estudió con empeño y logró no sólo impartir clase en la escuela Normal de Sinaloa, sino en la escuela preparatoria Rafael Buelna de la Universidad Autónoma de Sinaloa, en la escuela secundaria técnica No.1; participó en la creación del nivel de secundarias en colegios particulares como fue el caso de una academia comercial en Guasave y el Niños Héroes, en Culiacán, además fue fundador de la escuela secundaria del SNTE.

Recibió diferentes reconocimientos entre los que destacan el habérsele impuesto su nombre a varias generaciones de maestros egresados de la Normal. Conserva con orgullo, diplomas otorgados por sociedades de padres de familia, alumnos y maestros, amén de las medallas al Mérito Magisterial Rafael Ramírez e Ignacio Manuel Altamirano, por sus treinta y cuarenta años de servicio.

A su juicio el maestro Margarito Rivas considera que como educador, cumplió, y que la mejor prueba está en los cientos de alumnos a los que impartió clases, y en los que considera, contribuyó en su formación. Hoy, jubilado, comparte sus actividades con otros maestros haciendo deporte, compitiendo amistosamente con otros compañeros de distintos estados del país, a la vez que distribuye el tiempo entre su familia y buenas lecturas. (Entrevista realizada en mayo de 2003), Los educadores en la transformación social de Sinaloa, Historias de vida, Teodoso Navidad Salazar, 2017.

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