MARÍA ERNESTINA FERNÁNDEZ HERNÁNDEZ (Educadora)

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El encuentro se dio justo a la hora convenida en las instalaciones de la Secretaría de Educación Pública y Cultura. Vestía traje azul, blusa y zapatos blancos. A pesar de no conocernos, no se requirió presentación y la charla transcurrió sin protocolos. Son más de cuarenta años de servicio a la educación. Muchas historias que contar. Un solo objetivo: contribuir en la forja de numerosas generaciones de niños y jóvenes mexicanos.

Nuestra entrevistada nació en el viejo mineral de El Rosario, Sinaloa. Sus padres fueron Ramona Hernández Vázquez y José María Fernández (Ambos finados). Es la tercera de tres hermanos a saber: Alberto, Sofía y José María. Nació el 24 de octubre de 1944.

Durante la charla observéel movimiento constante de sus manos, lo mismo que sus ojos. Su expresión corporal refleja la seguridad con la que habla. Su voz es educada. Y es que debemos aclarar que María Ernestina se desempeñó como locutora de radio, en su natal Rosario, siendo una jovencita. No evade ninguna pregunta y para todas ellas tiene la respuesta casi a flor de labios.

Nos habla de su infancia feliz en el seno de una familia de clase media baja, pero integrada,  con una madre muy apapachadora. Un padre con un don de mando firme, muy inteligente. Fue líder en sus trabajos.

Los recuerdos vinieron a su memoria y se ubicó en los paseos que realizaba con su mamá y sus hermanos a la estación del ferrocarril, a las afueras de la ciudad, que hoy ha quedado prácticamente como una colonia de ésta. –Otros paseos los hacíamos al río o a la iglesia vieja. Era muy  estimulante, convivíamos mucho mis hermanos y yo. Jugábamos y después de devorar nuestros alimentos regresábamos a casa llenos de energía. Recordó uno a uno los bellos rincones de la Ciudad Asilo. No cabe duda que es una mujer enamorada de su tierra, de sus costumbres, comidas y tradiciones.

Señaló nuestro personaje que estudió en la escuela de niñas de José María Morelos, de la cabecera municipal. Ha guardado los mejores recuerdos de sus maestros y menciona con nostalgia a Margarita, Ana María y Angelita Lizárraga; Alicia López, Graciela Jarero y Concepción Madrigal. Los estudios de secundaria, comentó, los llevó a cabo en la Escuela Julio Hernández, siempre como una alumna de buenas calificaciones.

En ese tiempo era muy difícil para las mujeres ir más allá de los estudios de secundaria. Me hubiera gustado ser doctora. Pero al abrirse una escuela normal en Escuinapa, me inscribí con el ánimo de ser maestra, aclarando que no había reconocimiento oficial para dicha escuela, por lo tanto no fue válido ese ciclo; después tuve que iniciar los estudios de Normal en el Instituto Federal de Capacitación del Magisterio, donde me titulé. Afortunadamente me encontré  con maestros como Santiago Zúñiga e Isidro Salas Barrón, este último, director del Instituto. Ellos fueron pieza importante en mis estudios, amén delapoyo de otros maestros y de mis compañeros entre los que recuerdo a Crisanto González Rosas, Gema Delgadillo, Rosalba Fajardo, Lupita Choza, Gonzalo González. Enrique Esparragoza Lara. Fue difícil. Trabajaba y estudiaba, pero el apoyo de mis maestros como ya dije fue importante.

Cabe destacar que Ernestina  fue una alumna de excelencia en el Instituto; su equipo fue reconocido por las autoridades educativas, con un viaje a Mazatlán, que era decir mucho.

Terminando el primer año (no reconocido, en Escuinapa), logré una plaza de maestra municipal en la comunidad de Bachigualatillo, municipio de Culiacán. Conté con el respaldo de mis padres. Fue una alegría enorme. Luego fui transferida a la comunidad de Las Flores, en 1964,  que hoy es una colonia de Culiacán, continué en la Colonia Michoacana. En 1968, obtuve mi plaza como maestra federal y me enviaron a la comunidad de La Platanera, por el rumbo de Culiacancito, posteriormente fui a La Palma (hoy Navolato) y El Tamarindo. A Culiacán llegué a la Escuela Miguel Hidalgo, de la Colonia Las Vegas. Después la superioridad dispuso mi cambio como auxiliar a la supervisión No. 13, del maestro Dionisio Saldaña López.

En 1970, me inicié como maestra de Biología en la Federal No. 2, esa especialidad la realicé en la escuela Normal Superior de México, entre 1969 y 1973. Otro ciclo escolar trabajé en la zona escolar de la maestra Cuquita Bañuelos de Montero. Me fui a la ciudad de México donde laboré como ayudante de Laboratorio y al terminar mi carrera en la Normal Superior me dieron mis horas base.

Regresé a Culiacán hasta 1980 a la Secretaría de Educación Pública, desempeñando tareas en el departamento de Preparatoria Abierta pero yo deseaba irme al aula y me enviaron a fundar la Escuela Federal No. 7. Paraentonces tenía tiempo completo en secundarias y con el nombramiento de subdirectora, trabajé cuatro años en la secundaria de Culiacancito. En 1988, fui comisionada por el alto mando educativo a la Jefatura de Enseñanza donde fui pionera de esta modalidad. Fue un trabajo arduo, por la resistencia de algunos maestros a cambiar o modificar las técnicas de enseñanza.

Posteriormente por razones del trabajo de su esposo, nuestra entrevistada regresó a la Ciudad de México, laborando en la Dirección General de Secundarias en el Proyecto de Laboratorio Escolar un Enfoque Moderno.

Señala que fue una maravillosa experiencia que más tarde puso en práctica. Después de esa encomienda en el año 2000, regresó a Sinaloa, a la Secretaría de Educación, a la Subjefatura Administrativa de Secundarias Generales, trabajando 2 años, regresando a la Jefatura de Enseñanza de la Región Centro, que es donde laboró los últimos tiempos.

María Ernestina es una mujer de trabajo. Fue pionera en la formación del voluntariado que sentó las bases para la formación de lo que actualmente es CENDI. Ha sido estudiosa y siempre buscó innovaciones en el campo educativo, prueba de ello que su proyecto denominado Acciones para Mejorar el Medio Ambiente, fue modelo a nivel Nacional aplicado en telesecundarias, junto con el de otros dos maestros, sinaloenses que participaron en matemáticas y  español.

Señaló nuestra entrevistada que no debemos bajar la guardia en la práctica de los valores. Debemos cimentar el respeto a los mayores, los amigos, la familia y a la ley. No debemos soltar a la familia, a que hagan lo que les dé la gana. Debemos de orientar su inteligencia y su vocación.

Siempre con el ánimo de superarse, María Ernestina realizó el doctorado sobre Valores y Medios Ambiente en la Escuela Normal de Sinaloa. Su tesis versó sobre Educación Ambiental y los Valores de los Jóvenes de Secundaria.

En reconocimiento a su trayectoria magisterial María Ernestina recibió las medallas al Mérito Magisterial Rafael Ramírez e Ignacio Manuel Altamirano, amén de homenajes hechos por sus compañeros maestros, alumnos y padres de familia. Los educadores en la transformación social de Sinaloa, Historias de vida, Teodoso Navidad Salazar, 2017.

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