OTILA MACRINA MILLÁN BASTIDAS (Educadora y poeta)

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Culiacán, SAN IGNACIO No hay comentarios

 

 

Estamos sentados en el portal de su casa. La maestra Tila como cariñosamente le llama su familia, compañeros y amigos, nació en Culiacán, el 8 de febrero de 1920.

Por circunstancias de la vida, sus padres don Gilberto S. Millán y Susana Bastidas deciden trasladarse a San Ignacio, lugar de donde son originarios, ahí transcurrieron los días felices de la infancia de Otila que, entre juegos, cantos y el arrullo del viejo río Piaxtla va labrando su vocación de educadora y poeta.

Nuestra entrevista abre no sólo las puertas de su casa, sino las de su corazón para platicar a grandes rasgos su vida. Es una mujer de 80 años. Refleja una gran serenidad, su tono de voz es suave. Su charla es fluida, tiene muchas vivencias que contar. No obstante que ha cumplido su compromiso con el Estado, ella siguió a sus años, encendiendo en decenas de niños la luz del entendimiento.

Nos recibió acompañada de don Julián Guzmán, su esposo, el amigo inseparable con el que ha vivido, según nos cuenta, momentos de alegría y tristeza, y en quien ha encontrado siempre el punto de apoyo

Nuestra entrevistada, inició recordando su infancia, los juegos, sus padres y sus hermanos, Bertha, Victoria, alejandrina, María Esthela, Gilberto y Daniel Luis, de los cuales sólo vive María Esthela[1], otra destacada maestra de la cual hablaremos en ocasión posterior.

 Ellos fueron los eslabones que unieron nuestra familia. Recuerdo las noches de plenilunio cuando mi pueblo se bañaba de luz, y las voces de niños y niñas se escuchaban con los cantos deLa rueda de San Miguel; A la víbora de la mar; Hojitas de oro, cantos y juegos inocentes y puros que resonaban por las calles y callejones y cuyo eco tengo aún grabado en el alma

comentó con emoción la maestra.

Nuestro personaje realizó estudios en San Ignacio en la primaria Josefa Ortiz de Domínguez, escuela en la que se inició como practicante al concluir el sexto año. Don Gilberto S. Millán, su padre, le gestionó plaza oficial y antes de cumplir los dieciocho nuestra entrevistada ya estaba  frente a un grupo de niños en la misma escuela donde había hecho su primaria.

Fui una maestra como todas; se vivieron huelgas sindicales muy fuertes; la etapa del socialismo y comunismo, llegaron por mi pueblo, todo ello fue influyendo en mi formación.

En cierta ocasión – recuerda la maestra- el gobernador Enrique Pérez Arce, visitó San Ignacio y entre los números del festival que se había preparado se incluyó La Tambora, estuvo bien escenificada, le dio mucho gusto porque él, era el autor de ese poema. Elogió mi trabajo y me invitó a seguir adelante. Expresa la maestra.

Como parte de su labor social, la profesora Millán enseñó a leer y a escribir a los presos de la cárcel de San Ignacio. Juntos hacían el material didáctico con el que se trabajaban los sábados y domingos de cada semana. Hubo buenos resultados pues había disposición de los internos.

Con el tiempo contraje matrimonio con Julián Guzmán Rodríguez que se desempeñaba como maestro en Las Lajas, comunidad cercana a San Ignacio. Procreamos cuatro hijos, Julián, Teresita de Jesús, Otila Susana y Sergio Gilberto. En 1945 en busca de mejores horizontes nos trasladamos a Culiacán. La autoridad escolar me comisionó a la escuela Anatolio Benito Ortega, donde me entregué a mi trabajo con pasión, con ayuda de mis compañeros.

Uno de los detalles que llamaba mucho mi  atención en esta escuela era que, a la hora de recreo me quedaba sin alumnos porque se iban a vender tamales al ferrocarril.- Continuó la maestra Otila.

Otra de las escuelas donde laboró la maestra Millán Bastidas fue en la primaria Dr. Ruperto L. Paliza, de donde guarda gratos recuerdos expresó con nostalgia.

Posteriormente la ubicaron en la escuela Josefa Ortiz de Domínguez, exclusivamente para niñas, comisión que desempeñó con alto sentido de responsabilidad. Fue en esa época cuando se inscribió en la Escuela Normal de Sinaloa, donde cursó secundaria y dos años de educación profesional.

En la escuela Sócrates laboró por un largo periodo de 18 años, durante esa etapa se tituló en el Instituto de Capacitación del Magisterio. Al cumplir sus 30 años de servicio a la educación recibió la medalla al Mérito Magisterial Rafael Ramírez, por el gobierno del estado. Cabe aclarar que también fue condecorada con la medalla Ignacio Manuel Altamirano, por sus cuarenta años de servicio educativo, presea que entrega el gobierno de la república.

Señala la maestra que durante su estancia en la escuela Sócrates atendió el primer grado muchos años y fue ahí donde dio rienda a otra faceta, la de poeta, pues compuso un canto para cada lección que venía en método de los libros de texto gratuitos.

Comenta que compuso letra y música apegadas a esa reforma educativa lo que le dio buenos resultados ya que una de las actividades que más gustan a los pequeños son las de cantar y bailar.

Para una mujer que ama su profesión como Otila Macrina Millán Bastidas fue muy triste separarse de su escuela. El día de la despedida organizada por sus compañeros, José Luis Rojo la invitó a trabajar al Colegio “Niños Héroes”, del cual era director, propuesta que aceptó de mil amores.

Expresa nuestra entrevistada que laboró durante cinco ciclos escolares que le parecieron cortos.

En 1974 gracias a la gestión del líder magisterial Ramón Rogelio Castelo García se le asignó una plaza de maestra Federal y la ubicaron en la escuela Josué R. Díaz, en la colonia Las Huertas.

Buscando siempre la superación profesional, la maestra, al jubilarse como maestra del estado, concluyó sus estudios en la Universidad Pedagógica Nacional.

Esa etapa de mi vida me dio la oportunidad de renacer, conviví con maestros, estudiantes y catedráticos y respondí a la altura de los más jóvenes en tareas y actividades sociales que señalaba el programa de estudios, para ganarme realmente mis calificaciones –comentó emocionada.

En los cursos de verano- relató la maestra- que se establecieron los viernes sociales que eran de trabajo y entretenimiento; se fundó el club de estudiantes de licenciatura denominado La Lámpara y realizaban excursiones de estudio y recreación así como representaciones de teatro, escenificaciones que obligaba el programa y se presentaban en distintos lugares.

 

Con facilidad para componer poesía la maestra Millán Bastidas expresó con profundo anhelo, frente a sus compañeros desearía más vida para seguirlos.

Siempre fue solicitada por sus compañeros en su escuela y otras para actuar en festivales, donde improvisaba parodias de canciones populares que arrancaban la alegría de la concurrencia, pero donde ha sentido realmente la vida, es cuando está cerca de los niños, hacer algo por ellos, saber sus necesidades y poder ayudarlos.

Mira –le dice a quien esto escribe- hay una anécdota que quiero compartir contigo. Con mucha paciencia logré enseñar a leer y escribir a un niño sordo. Su nombre Sergio Lafarga Díaz, hijo de la maestra Mariana Díaz y de Octaviano Lafarga, allá de San Ignacio.

Sergio– le decía yo con señas, poniendo mi mano sobre mi cabeza-te voy a enseñar a leer y le mostraba los libros y dibujos haciendo que el niño pasara su dedito por las letras. El niño gritaba muy fuerte, se reía, me miraba, en ocasiones brotaban sus lágrimas, parecía un pajarito asustado. Lo curioso era que sus demostraciones de aprender las hacía con gestos, gritos, risas sin control alguno pues no oía. Aconsejé a mis alumnos para que lo apoyaran y respetaran y así fue.

Fueron muchos los trabajos, detalles técnicos, empíricos que junto con su mamá realizamos hasta lograr el objetivo, Sergio leyó y escribió tan bien, que determinados maestros le pedían que hiciera la lista de asistencia y otros documentos. Algo que lo distinguió siempre fue su inteligencia, era trabajador, gracioso, apto para el dibujo. Era alto y buenísimo para bailar. (Entrevista realizada en el año 2000) Los educadores en la transformación social de Sinaloa, Historias de vida, Teodoso Navidad Salazar, 2017.

Nota: La maestra Otila falleció en los primeros días del mes de enero de 2002

 

 

 

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