REINALDA LÓPEZ LACHICA (Maestra emérita)

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(Semblanza)

La charla se desarrolló en su biblioteca. La decoración es sobria. Algunos reconocimientos, las estatuillas de El Quijote y su fiel escudero; libros, artesanías típicas del sureste mexicano, fueron el escenario la noche de la entrevista. Reinalda López Lachica, hizo un espacio dentro de su agenda para atendernos. El tono de su charla deleita y persuade. Su rostro refleja satisfacción y pasión por su trabajo. Sus conceptos la ubican como una educadora comprometida consigo y con la niñez que dirige. Su energía contagia y su alegría ilumina su rostro de finos rasgos, al referirse a los pequeños escolapios. Cualquiera que la escuche hablar puede advertir que vive intensamente su profesión. Pareciera tener prisa por enfrentar al día siguiente, adelantar la jornada y el reencuentro para cargarse de energía con la sonrisa inocente de los niños que la aman

Su atuendo es sencillo: falda azul y blusa blanca con encajes al frente. En su muñeca izquierda luce un reloj; discretos aretes adornan su cara, sus zapatillas de tacón bajo, de color negro lucen impecables; es una mujer sencilla, no afecta a las alhajas A medida que se desarrollaba la charla la observé más relajada. Me comentó que nació en la comunidad de La Boca, sindicatura de Tameapa, municipio de Badiraguato, el 7 de marzo de 1947. Sus padres fueron los señores Octavio López Chávez y Celia Lachica Carabeo. Fue la tercera de  ocho hermanos. Sus estudios primarios los realizó en dos escuelas: de 1° a 3° en Soyatita y de 4° a 6°, en Tameapa; estos últimos grados apoyada por la familia Morales, residente de esta comunidad.

En 1962, esta familia se trasladó a Culiacán, y Reinalda, que había quedado huérfana de madre, recibió el visto bueno de su abuela paterna para que, al amparo de la señorita Regina Morales, continuara sus estudios, en la escuela secundaria Moisés Sainz. En ese nivel, sobresalió como alumna de alto rendimiento en conocimientos y en deportes. La conclusión de sus estudios fue exitosa. Ese mismo año ingresó al Instituto Federal de Capacitación del Magisterio y tuvo la oportunidad de pasar su prueba de fuego (fue designada para iniciar su carrera magisterial),  en la comunidad de Tameapa. Alternó sus estudios con la docencia y el trabajo comunitario. Frisando los 17 años, la joven maestra regresó al lugar donde había cursado sus estudios primarios.

Valla compromiso!  –comentó la maestra- sentí miedo al enfrentarme al grupo. Me pregunté qué voy a hacer, cómo le voy a hacer. Pero me hice fuerte, sabía que estaba en una comunidad de gente conocida. Tameapa, era como mi casa. No me equivoqué. Los padres de familia me recibieron maravillosamente y los niños mejor. Tenía todo para no fallar. Y no fallé. No defraudé la confianza depositada en mí.

Muchos recuerdos quedaron ahí- señaló mientras se acomodaba sus lentes de armazón dorado- Me integré con verdadera pasión a mi trabajo y los niños me respondieron y me pagaron con su cariño. Porque el respeto y cariño se gana cuando el maestro tiene ese vínculo con la comunidad.  La gente ve lo que uno hace y, si uno tiene la capacidad de hacerlos participar, no hay imposibles para cumplir con el trabajo, que en este caso es sacar a los muchachos adelante.

En 1972, nuestra entrevistada fue asignada a la escuela primaria José María Morelos, de la comunidad de Villa Adolfo López Mateos (El Tamarindo). Al año siguiente se le ubicó en la escuela del mismo nombre, pero en el fraccionamiento Nuevo Culiacán, en la capital del estado, donde por más de 15 años se entregó a educar niños de 1°grado, que se distinguieron en su aprovechamiento a nivel nacional.

En 1976, fue asignada con doble plaza a la escuela Rafael Ramírez, ubicada en Infonavit Humaya, en Culiacán. En 1981, la enviaron a Comanito, Mocorito, como maestra y directora de la escuela primaria Prof. Librado Rivera; en 1982, recibió instrucciones de fundar la escuela Prof. Enrique Romero Jiménez, en el fraccionamiento STASE, en Culiacán.

Esta fundación- recordó la maestra López Lachica- fue como pasa en todas las escuelas de nueva creación, porque las aulas de cartón no daban seguridad a los padres para confiarnos a sus hijos. Eran tan pocos alumnos que un día un señor le comentó al supervisor: oiga ya cierre esa escuelita, no tiene futuro.

En la fundación- continuó la maestra– éramos únicamente otro maestro y yo. Andábamos buscando alumnos. Hoy, tengo que esconderme porque la verdad sea dicha, existe una gran demanda y no podemos cumplir con toda la gente que quiere inscribir a sus hijos aquí.

Efectivamente, la escuela en mención se distingue por ser una de las mejores bajo la dirección de Reynalda López Lachica. El rostro del plantel es de limpieza, con amplios y bien cuidados jardines; con aulas acondicionadas y personal calificado se atiende a la población infantil que se ha hecho merecedora a reconocimientos de propios y extraños, así como de las altas autoridades del estado.

En visita a la escuela Enrique Romero Jiménez, pudimos constatar que el plantel tiene cuerpo y alma. Ahí está la maestra Reynalda con su equipo, incansable. Los niños la rodean; ella los acaricia como lo que es: maestra- madre.  Ellos la besan. Ella se deja querer; siembra y cultiva, cosecha y regala.

En 1994, el gobierno del estado de Sinaloa, el sector educativo y el Sindicato Nacional de trabajadores de la Educación,  la declararon Maestra Emérita de México. Por su constancia y dedicación fue condecorado con las preseas al Mérito Magisterial Rafael Ramírez e Ignacio Manuel Altamirano, por sus treinta y cuarenta años de servicio a la educación. Otra distinción de que ha sido objeto la destacada maestra, fue el haberle impuesto su nombre al plantel que ella fundó, pero en el turno vespertino, en un acuerdo unánime de autoridades, maestros, niños y padres de familia.

Qué mensaje les deja a los maestros-le preguntamos. De manera contundente respondió- Que quieran mucho a los muchachos. Si hay cariño hacia los niños, todo se facilita: al maestro para enseñar; al niño, para aprender. El profesor debe reflexionar sobre su papel y el beneficio que deja a los alumnos y a la sociedad. Creo que si las cosas las hacemos pensando en los niños, nada es difícil.

Parafraseando al escritor francés Víctor Hugo, en la obra cumbre Los Miserables, la Providencia selecciona a quienes deben cumplir misiones muy delicadas. La maestra Reinalda López Lachica fue una de esas personas seleccionadas. Sin duda, cumplió con alto sentido de  responsabilidad. Hoy, jubilada disfruta de su familia, de sus compañeros  y de las buenas lecturas. Los educadores en la transformación social de Sinaloa, Historias de vida, Teodoso Navidad Salazar, 2017, (Entrevista realizada en mayo de 2000)

 

 

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