ROSA NEVARES DE CARRANZA

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Yo quise mucho a mi madre. Anciana, ciega, murió en mi hogar de Culiacán, en 1969. Ella había nacido en Jocuixtita, municipio de San Ignacio, en 1878, seis años después de la muerte del presidente Benito Juárez. Para mí y para muchas generaciones de sanignacenses fue una gran maestra. Dulce pero enérgica. Veía a sus alumnos como a sus propios hijos, inculcándoles vocación al estudio, sentido de responsabilidad y respeto a sus semejantes.

Era una niña todavía cuando empezó a trabajar en la docencia en el pueblo minero de Guadalupe de los Reyes, cercano a la villa de Cosalá, a finales del siglo XIX. Fue sólo el principio de su largo ejercicio profesional como maestra de primaria que duró por casi 50 años.

Los pueblos de las riberas del viejo río Piaxtla fueron el escenario de su vida laboral, así como el hogar en que formó al casarse con Juan S. Carranza, con quien procreó cinco hijos: Juan Adolfo, Ofelia, Oscar, Héctor e Hilda.

Los Humayes la vieron llegar en la primera década de siglo XX, poco antes del estallido de la Revolución Mexicana. Tenía que trabajar duro para sostener a su madre enferma. En ese pintoresco lugar tuvo como alumno a Gabriel Leyva Velázquez, destacado revolucionario y político, que fue gobernador de Sinaloa.

Después de algunos años fue nombrada ayudante de la escuela primaria para hombres en la cabecera municipal de San Ignacio, donde trabajó de manera incansable y apasionada.

Sobresalieron en esta época sus alumnos Rodolfo T. Loaiza, originario de San Javier, que también fue gobernador de Sinaloa. Leyva y Loaiza recibieron las primeras enseñanzas de parte de la maestra Rosa Nevares.

El malogrado pintor David Figueroa Díaz, Federico Osuna, Federico Nafarrete, Raúl Palacios, Sabino Bastidas, José Luis Bernal, Ignacio Valdés, Gilberto Tostado, Roberto y Raúl Vega Blancarte y tantos otros hijos de San Ignacio, abrevaron su enseñanza en las aulas a cargo de la querida maestra.

En ese largo peregrinar la maestra Nevares, llegó a Camino Real de Piaxtla, en 1932, dos años más tarde, fue nombrada directora de la escuela primaria de Coyotitán, a la vez que se hacía cargo del grupo de IV año.Para 1937 volvió a trabajar en la escuela primaria de la cabecera municipal de San Ignacio, bajo la dirección del maestro Alberto J. Morín. Ahí compartió experiencias con otros maestros como Carmen Catalán(eterna novia de Rafael Buelna Tenorio, El granito de oro),María R. Sarabia, Soledad Torróntegui Millán, Otila Macrina Millán Bastidas, Ofelia Gutiérrez, Julián Guzmán, Chalano Manjarrez  y Rosaura Maldonado.

La maestra Rosa Nevares, tuvo varios discípulos, que se han distinguido en diferentes círculos de la vida sinaloense: el sacerdote Jesús Manuel Loaiza; los maestros Salvador y Manuel Lozano Quintero, Blas Lares Torres; el hoy prestigiado Dr. Adrián Manjarrez; el banquero Jesús Figueroa Valdés, Jorge Torróntegui Millán, Humberto Lizárraga O. y otros tantos que sería imposible anotar.

El gobernador Rodolfo T. Loaiza la jubiló con 200 pesos mensuales, que fueron incrementando durante los gobiernos de Aguilar Pico y Gabriel Leyva Velázquez. ¿Pero, qué tanto podía haber sido para subvenir a sus necesidades? Una bicoca, si se considera que su vida entera la dedicó a la noble tarea de la enseñanza.

Fue una madre ejemplar, una mujer incomparable y una gran maestra. Sus hijos y alumnos la recordaremos con amor por toda la vida. Ofelia Carranza de Del Castillo, Los educadores en la transformación social de Sinaloa, Historias de vida, Teodoso Navidad Salazar, 2017.

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