ROSALBA GUZMÁN GUZMÁN (Educadora)

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Una gran emoción mueve a esta mujer al platicar del trabajo educativo. Estamos sentados cómodamente en la oficina de la Supervisión O11, teniendo como testigo al maestro René Díaz Guzmán, auxiliar administrativo (maestro muy apreciado por quien esto escribe). Durante la charla observo en los ojos de la maestra una gran sinceridad al manifestarse como una apasionada de la educación. Sus blancas manos hacen ademanes, como para darle fuerza a sus palabras. Su preparación académica le permite hablar con gran facilidad. Es maestra normalista, abogada y doctora en educación. Está ya cumpliendo los cuarenta años de servicio para bien de la niñez y juventud de nuestro país.

La maestra Rosalba, es orgullosamente sinaloense, aunque haya nacido en las bellas tierras nayaritas, ya que sus padres la trajeron a nuestra entidad, cuando apenas tenía cuarenta días de nacida.

Después de concluir sus estudios primarios en distintas escuelas del valle de Culiacán, (don Alfredo Guzmán, su padre, laboraba para la Secretaría de Recursos Hidráulicos), ingresó a la Escuela Normal de Sinaloa, en la última etapa del plan de estudios de tres años (1967-1970).

Nuestra entrevistada habló con profunda gratitud de sus maestros y destacó a Graciela Montaño, Diego Molina Rodríguez, Abraham Heredia, Santiago Zúñiga Barrón, Livia Manjarrez Garay, así como el maestro García Pastrana, por mencionar algunos de ellos, que ayudaron a recorrer la difícil senda de la docencia, con nuevos conocimientos académicos. Cabe destacar que Rosalba proviene de una familia de sólidos valores, mismos que supo poner en práctica como educadora, destacando los consejos de su señora madre María del Rosario Guzmán, que influyó para que sus ocho hijos fueran profesionistas, tres de ellas, maestras.

Con voz bien timbrada, Rosalba narró pasajes de su vida. Vivencias infantiles y juveniles que la hicieron reír o sentirse nostálgica.

Manifestó en aquella charla que al egresar de la Escuela Normal, antes de obtener una plaza definitiva, cubrió interinatos. Recordó, sonriendo, aquella mañana en que su padre la llevó a la escuela Henry Ford, en campo Victoria, en la hoy sindicatura de Villa Juárez, Navolato y  con la emoción de aquella lejana fecha comentó- era tan jovencita, que los alumnos de sexto, a quienes les iba a dar clases, pensaron que era una alumna; los más grandecitos hicieron apuestas para ver con quien me sentaría, pero cuál no sería su sorpresa al ser presentada por el director de la escuela como la nueva maestra de grupo (Rosalba, el maestro René y yo sonreímos).

Era una escuela de concentración y había alumnos casi de mi edad, cuando ya hubo confianza los alumnos me platicaron esa anécdota. Debo decir que fueron unos niños muy respetuosos. Me integré a mi trabajo y entre juegos y dinámicas grupales y el apoyo del director, logré sacar adelante a mis grupos. Recuerdo que esos años tuve los mejores regalos en el día del maestro. Trabajé seis años y durante ese tiempo obtuve mi plaza definitiva. Siempre en grados superiores. Fueron años maravillosos. Luego vendrían los cambios a Campo El Diez, la colonia Libertad y finalmente a la zona 011 del profesor Heliodoro Hernández; después llegaría el maestro Arturo Hernández Juárez, con este último me integre a su equipo técnico de zona, como asesora, trabajamos de manera muy intensa. Fueron experiencias maravillosas. posteriormente tuve otras experiencias en la Mesa Técnica de la Secretaría de Educación; al concluir mi responsabilidad me regresé como directora técnica a la escuela Héroes de 1884 (escuela Blanca), después fui directora de la escuela Andrés Quintana Roo, en la misma zona 11, laborando como maestra y como directora, fueron años de aprendizaje con mis maestros.

La maestra Rosalba Guzmán es mujer inquieta. Siempre buscó prepararse para los retos de su profesión. Logró ser supervisora, en la zona de Badiraguato. Regresó luego a Costa Rica, trabajando durante 5 años. Después llegaría a dirigir la zona 11 donde tenía y tiene amigos logrando hacer un equipo de trabajo con una magnífica disposición de parte de directivos y maestros, esto le permitió integrarse con emoción a sus tareas.

Sin duda que esto únicamente se logra con dedicación, profesionalismo y humildad, aceptando errores, saboreando los éxitos con sus compañeros.

Nuestra entrevistada recibido múltiples reconocimientos, entre ellos, las medallas al Mérito Magisterial Rafael Ramírez e Ignacio Manuel Altamirano, ha sido reconocida por autoridades educativas, padres de familia y por sus compañeros maestros. La Universidad de Occidente la reconoció como una de las mejores docentes. La maestra Rosalba considera que nunca es tarde para inculcar valores en los niños y jóvenes. Señala que han fallado tanto padres como maestros en la tarea educativa. Afirma que hay muchos factores que no dejan avanzar al maestro en su tarea, pero que no por ello se debe bajar la guardia.

La lectura señala la maestra es un arma indestructible. Debemos leer cada vez más. Es importante sacar provecho de los avances tecnológicos, pero no hay que dejar de lado los libros. No se debe dejar a los niños tanto tiempo en los televisores o en las computadoras. Los padres son los primeros responsables de la educación de los hijos, no los maestros, concluyó nuestra entrevistada. (Entrevista realizada en 2008), Los educadores en la transformación social de Sinaloa, Historias de vida, Teodoso Navidad Salazar, 2017.

 

 

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