ROSALBA RODRÍGUEZ CARRASCO

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Es media mañana. Nos encontramos en las instalaciones de las oficinas de la jefatura del Sector No. 5 de la Sepyc. El personal técnico y administrativo atiende maestros; recibe y despacha documentos, con diligencia. Nuestra entrevistada nos saluda con una sonrisa a flor  de labios. Es Rosalba Rodríguez Carrasco, una mujer de ojos vivaces que refleja un gran amor por su trabajo, es la jefa del Sector, ya descrito. Sólo hay que escucharla hablar para entender por qué es maestra.

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Antes de iniciar la plática se acomoda lo mejor que puede en su silla; como si fuera a emprender un largo viaje. Mira de frente, escudriñando a su interlocutor. Una auxiliar suya nos sirve café, y en medio de este exquisito aroma, esta maravillosa mujer, regresa sus pasos hasta la desaparecida comunidad de Salto Chico, Elota, donde nació el 9 de septiembre de 1945. Ese antiguo asentamiento que sepultaron las aguas de la presa Ing. Aurelio Benassini, mejor conocida por El Salto; la misma que ha traído el progreso a vastas extensiones de tierra en la zona del municipio de Elota.

El rostro la maestra Rosalba de finas facciones y de ojos claros, se ilumina al recordar los juegos infantiles, a sus nueve hermanos y sus primeros escarceos que la llevarían por las veredas de la educación.

Viene a su mente la figura de sus padres Manuel Rodríguez Tapia (finado) y Margarita Carrasco Jiménez, así como la nostalgia por los tiempos pasados, de pobreza extrema, donde se carecía de mucho, pero abundaba la felicidad. Mientras platica juguetea con una pluma, luego con sus lentes, que se quita dejando ver sus ojos claros.

Con tono suave narra paso, a paso sus vivencias. Los recuerdos están ahí, a la mano, mejor dicho a flor de labios; los va hilvanando, por momentos con la voz entre cortada. Sonríe nerviosa mostrando sus blancos dientes.

Mis padres fueron muy responsables– expresa Rosalba- siempre se preocuparon porque estudiáramos. Ambos con gran calidad humana. Sus ejemplos formaron una familia de servicio y de trabajo. Siendo mi padre un jornalero, nunca estábamos en un lugar fijo. Por lo que estudié en escuelas de varias comunidades, hasta que terminé el sexto año en Quilá, apoyada por una familia amiga de mis padres y posteriormente con un tío. Finalmente mi padre que era solicitante de tierra, fue dotado de una parcela y junto con mi familia nos establecimos en el predio llamado El Corazón. En ese lugar los padres de familia le solicitaron a mi padre que fuera yo, porque era, a decir de ellos, “la que más sabía”, quien les enseñara sólo a leer y a escribir a sus hijos.

La maestra toma una pluma y firma un documento que le han hecho llegar; luego comenta– entonces la maestra Celia Zúñiga, me instruyó e hizo los trámites para que fuera aceptada por el inspector de esa zona escolar, previo conocimiento del director de Educación, profesor Jesús Lazcano Ochoa, para que fundara la escuela e impartiera las primeras letras a todos los niños. Los padres me apoyaron y juntos emprendimos la aventura más hermosa de mi vida. Cuando me enfrenté al grupo recordé y valoré las enseñanzas de mis maestros Lola Quiñónez, Higinio Santos Prado, Guillermina Rodríguez, José Ríos Angulo y Emilio Gómez Osuna y que decir de Celia Zúñiga Mendoza, mi maestra de quinto año, allá en El Salado. Fue un apoyo invaluable en mi formación. Su impulso fue determinante. Sus consejos y enseñanzas despertaron en mí, la vocación.

Egresé del Instituto Federal de Capacitación del Magisterio y me titulé en 1969. Fueron años muy difíciles. Hasta 1970, obtuve mi plaza del estado. 18 años impartí clases en esta comunidad. Ahí obtuve mi plaza de maestra municipal, posteriormente, del estado; luego fui directora de la misma escuela que fundé.

Ahí me casé con Jesús Soto Vázquez, un gran líder en la comunidad; juntos formamos una familia de bien, compuesta por nuestros hijos Pablo, Rosa Margarita, Jesús Manuel, Gabriela y Rosalía, todos ellos profesionistas. Pasado el tiempo y en busca de mejores horizontes nos venimos a Culiacán, creo que en 1989.

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Nuestra entrevistada siempre con el deseo de superación se tituló como licenciada en educación primaria, posteriormente, obtuvo la maestría en pedagogía por la Universidad Pedagógica Nacional, y también la licenciatura en español, por la Escuela Normal Superior de Nayarit, extensión Ixtlán. Todo ello le ha permitido desempeñarse como Auxiliar técnico, supervisora escolar, en Navolato a la zona 022, y a partir de 1999 a la fecha, se le designó Jefa del Sector Escolar No. 5. Afirmó que cumplió 46 años de servicio y se siente muy bien; y así se le ve.

Expresó que los padres de familia no deben dejar toda la carga a los maestros. La primera educación se recibe en casa  y ellos son los responsables. Los niños no deben andar tanto en la calle. No deben tener tantas libertades, si así se le puede llamar a este desorden de vida que muchas familias llevan. Los padres deben rescatar su papel y trabajar coordinadamente con los maestros por el bien de los muchachos.

Luego comenta – debemos aprovechar los adelantos de la tecnología. Considero que los padres y los maestros deben regular juegos de videos y celulares, porque todos estos medios mal empleados, trastornan el proceso enseñanza- aprendizaje.

El espacio es breve, y se pueden escribir tantas páginas sobre la trayectoria de esta mujer, que ha sembrado la cimiente del saber en casi cinco décadas en varias generaciones de muchachos que hoy, son mexicanos útiles a la patria.

El nombre de Rosalba Rodríguez Carrasco, ha quedado para la posteridad inscrito en aulas, canchas deportivas y bibliotecas. El H. Ayuntamiento de Culiacán, reconoció su trayectoria, educativa y social. Ha recibido homenajes por parte de sus compañeros, alumnos y padres de familia, del sindicato, al cual ha servido desde distintas comisiones; se le han entregado diplomas y las medallas al Mérito Magisterial Rafael Ramírez e Ignacio Manuel Altamirano, por sus treinta y cuarenta años de servicio a la educación.

En sus casi cincuenta años de servicio, su ejemplo, conquistó el corazón de quienes ha enseñado a ser buenos ciudadanos; educándolos en sólidos principios y valores, soporte para la sana convivencia de una sociedad que aspira a formar  mejores mexicanos.(Entrevista realizada en 2004), Los educadores en la transformación social de Sinaloa, Historias de vida, Teodoso Navidad Salazar, 2017.

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