ROSENDA MORALES BENÍTEZ (Educadora)

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Visitar esta hermosa ciudad que guarda de manera celosa el tiempo y su historia, es una experiencia maravillosa. Caminar por sus estrechas calles, asomarse por los ventanales de antigua y bien forjada herrería y observar la gruesa madera de sus puertas, es trasladarse a los tiempos de bonanza minera del antiguo mineral que nos relatan las crónicas de la época.

Algo característico en sus habitantes, es la sencillez en el trato. Es grato observar a hombres y mujeres que hacen las compras en el mercado local, entre los olores de las frutas y las especies. El tiple en la voz de quienes invitan a la compra, llama la atención de los fuereños. Sin distinción de sexo se observa a las gentes transportarse en bicicleta, cargando sus bolsas con las compras realizadas. Y allá van, pedaleando rítmicamente.

-Oiga amigo, disculpe- pregunto a un joven de rostro moreno: ¿dónde queda el Colegio Rosario? Aquí cerquitas– me responde amablemente- camine dos cuadras y a mano derecha a hi lo va a ver. Y efectivamente: ahí está. Nos recibe la algarabía de los muchachos que están en recreo. Nuestro objetivo es la muy querida maestra Rosenda (Rosendita) Morales Benítez, que nació en esta ciudad el 16 de octubre de 1932. Fue hija de los señores Luis Morales Zamora y Rosenda Benítez.

Es una mujer encantadora. No obstante sus setenta y cinco años, posee una energía admirable. Expresa con claridad sus ideas.

Su charla es fluida. Con rapidez va hilvanado los momentos de su infancia feliz al lado de sus diez hermanos. Los juegos despreocupados y el recuerdo de sus inicios en el magisterio, siendo una jovencita, siguiendo el ejemplo de sus tías Concepción y Justina Morales y los consejos de la maestra Elpidia de Zavala.

Con voz clara la profesora Rosenda dice: Mi padre quería que nosotros estudiáramos ya que él no lo pudo hacer. Nos recordaba que, esa sería su mejor herencia. Tenía mucha razón. Practiqué un año. Después obtuve plaza del estado en la comunidad de La Concha, municipio de Escuinapa el 1 de noviembre de 1949. Allí empecé mi carrera en la educación. Fue una experiencia magnífica, la maestra María de los Ángeles Polanco me apoyó;  trabajé muy a gusto, sentí que los padres de familia me veían como a una hija.

Luego trabajé en Matatán y otras comunidades y finalmente en la cabecera municipal.

En 1966 me titulé como Maestra Normalista, en el Instituto de Capacitación Magisterial. Las indicaciones de mis maestros y el intercambio de experiencias entre compañeras como Lolita Díaz, Lorena Quintanilla, Susana Borrego González, Zulema Echeagaray (de los que me acuerdo), fueron  muy importante en mi desarrollo profesional.

Durante la plática observé que las manos morenas de la maestra Rosenda, se mueven constantemente al hablar, como buscando dar fuerza a sus palabras. Su voz es fuerte. En sus ojos se refleja la emoción al narrar su primer encuentro con un grupo de primer año. La satisfacción de escucharlos leer a los tres meses. Posee gran experiencia en la enseñanza de la lecto- escritura; sus 33 años al frente de primer grado lo dice todo.

Es una mujer que jamás ha participado en política, pero sí, en cuanto curso, diplomado o taller donde se hable de los problemas que enfrentan los niños para aprender a leer y escribir. Tiene un magnífico sentido del humor. Le gusta la música, estudia computación por las tardes, lee todo lo que llega a sus manos y también le gusta viajar.

Afirmó nuestra entrevistada que la mayor dificultad que sortean los muchachos en el proceso enseñanza- aprendizaje, son los problemas del hogar. La desintegración familiar, la incomprensión de los padres y por su puesto la alimentación. También comenta que la disciplina es determinante en la formación de los niños.

Expresó que en innumerables ocasiones ha recibido a niños que por problemas entre sus padres, no desayunan. –Aquí el problema es doble -señala la maestra. Ellos no entienden el porqué del pleito, ni por qué no tomaron sus alimentos; así, el conocimiento se hace más difícil. Cuando un niño me llega así, mando traer algo para que desayune. Esos niños merecen la mayor atención del maestro.

Durante su desempeño profesional la maestra Morales Benítez ha recibido un sin fin de reconocimientos. El gobernador Alfonso G. Calderón le entregó un diploma por su entrega al servicio educativo. Expresó que los reconocimientos sí son muy importantes, ya que motivan al maestro a ser más dedicado en su trabajo. Posteriormente  le fueron entregadas las medallas al Mérito Magisterial, por sus treinta y cuarenta años de servicio y pareciera que junto con ellas se le ha entregado una dosis de vitalidad.

Ha sido objeto de reconocimientos de autoridades educativas, padres de familia y alumnos. Son muchas las satisfacciones que han impulsado su noble tarea, como el haber obtenido primer lugar en matemáticas y español a nivel estado, con sus grupos de primer grado, así como estar consciente de que, desde su trinchera de maestra de grupo ha contribuido a la forja de muchas generaciones de mexicanos.

Por esa maravillosa labor desarrollada desde las aulas, esta magnífica mujer tiene ya un lugar especial en la galería de la historia de la educación mexicana. (Entrevista realizada en 1999), Los educadores en la transformación social de Sinaloa, Historias de vida, Teodoso Navidad Salazar, 2017

 

 

 

 

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