Bernal, Heraclio a) El Rayo de Sinaloa.

Fue uno de los precursores de la Revolución de 1910. Se levantó en armas con un grupo de cosaltecos en contra de la dictadura Porfiriana. Los más renombrados generales de la época como D. Angel Martínez y Domingo Rubí destacados en su persecución nada pudieron con Bernal. El señor Alejandro Hernández Tyler dice: “Las acordadas y los regimientos de dragones gobiernistas jugaban con Bernal al ajedrez sobre el tablero del territorio sinaloense, preparándoles celadas y sorpresas en que la astucia y el valor del inquieto rebelde salían, al final triunfadoras”. “El Gobierno de Sinaloa pagaba los haberes de las tropas mandadas en seguimiento de Heraclio Bernal, y bien pronto las arcas del Erario resintieron los gastos de la campaña, poniendo en aprietos al Gobernador Francisco Cañedo, quien, en 1887, giraba una circular a los prefectos sinaloenses, por conducto de su secretaría. “Teniendo en cuenta el Señor Gobernador las difíciles circunstancias en que se halla el Erario del Estado, a causa de las grandes erogaciones que demanda la persecución que se hace a la gavilla de Heraclio Bernal, en acuerdo de hoy ha dispuesto que, en lo sucesivo, ningún gasto haga esa Presidencia sin antes que sea aprobado por la Superioridad…” La fama de Heraclio traspasó las fronteras de la Entidad en sus hazañas con el grupo que lo acompañaba en sus correrías se comentaban en la prensa de la Capital de la República. “La prensa de Sinaloa, por su parte, tenía ocupada la atención del público lector con la persecución de Bernal, haciendo literatura sobre sus hazañas de “bandido generoso”, como lo llamaban las gentes del pueblo. Sobre su vida se escribieron muchas aventuras y novelillas populares que lo hicieron más famoso.” “Dice la tradición popular que Bernal murió en una gruta del Cerro Pelón, en el Distrito de Cosalá, minado por una enfermedad contraída durante sus audaces correrías. Se cuenta que dispuso que su compadre Crispin García le disparara con su carabina para que pudiera cobrar los $10,000.00 que había ofrecido el Gobierno por su captura.” “Y Crispín García, acompañado de su tío Jorge Ayón se presentó, en los primeros días del mes de Enero de 1888, al jefe del destacamento federal de los dragones. Crispín García y su tío, yendo adelante, subieron hasta la gruta y al llegar los soldados gobiernistas después de la simulada escaramuza, Heraclio Bernal yacía en tierra, con un balazo en una pierna y otro en la mitad de la frente. Junto al famoso capitán se encontraba su fiel ayudante, Angel Navarro y una muchacha, Bernardina García, que así ponía final, con su belleza morena, la vida del generoso rebelde. Crispín García y Jorge Ayón recibieron los diez mil pesos ofrecidos por el Congreso de Sinaloa, por la cabeza de Bernal, cantidad que fue cubierta en partes iguales, por los gobiernos de Durango y Sinaloa”. Los periódicos de México concluyeron la novela de Heraclio Bernal, escribiendo así: “Bernal era una soberbia figura, alto, de ojos azules y rubio pelo ensortijado, fuerte, ágil, intrépido, sagaz, elegante. Daba saraos y banquetes en la fragosidades de la Sierra, en que no se echaba de menos la etiqueta más exquisita y a la que concurrían los vecinos más aristócratas de las crestas y valles de las montañas. El olor resinoso del pino servía de perfume a tan fantásticos festines y las frentes del héroe y sus secuaces se veían coronados por las guirnaldas que les tejía la hermosura. Edmundo Dantés, en sus quiméricos ensueños, jamás llegó a imaginarse nada comparable a los regios y honestos entretenimientos en que distraía sus ocios el rey de los bandidos: Heraclio Bernal. “Lo cierto es que “la vida de Bernal”, siempre temerario, siempre generoso, no ha sido enmarcada con justeza. Sólo la leyenda popular ha recogido su nombre. Nombre que todavía es repetido, en las noches de fogatas, en más de cien pueblos sinaloenses. Nombre que ha exaltado el corrido popular y que vive, como supremo anhelo de igualdad social, en los labios de los cancioneros de Sinaloa: “¿Qué es aquello que relumbra por todo el camino real? Son las armas de dieciocho que trae Heracleo Bernal”. (Lec. Sinaloenses. Tyller.)

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