La batalla por conformar la historia de los pueblos es la lucha contra el olvido, la dispersión y la incomprensión; es la lucha contra ideas muy arraigadas, tradicionales y elitistas acerca de la investigación histórica y más aun del investigador; una lucha inacabada contra una apabullante burocracia, por los escasos recursos económicos que se otorgan para estos efectos y hasta contra intereses particulares que de una manera podría afectarles la verdad histórica, o no serles grata; aunque la dinámica del hombre y la sociedad es irreversible y los pueblos indómitos, como el nuestro, son incansables luchadores y van siempre en busca de la verdad. En esa lucha encontramos a muchos sinaloítas de la talla de José G. Heredia, Daniel Gámez Enríquez, Aristeo Romero, Arturo Avendaño Gutiérrez, Juan Manuel Véliz Fonseca, Lupita López Chavira, León Fonseca, Guilebaldo Llanes y muchos otros que con tesón y denuedo, han dado lo mejor de sí en la construcción de este maravilloso municipio.
Es plausible el esfuerzo de los investigadores sociales, de los historiadores, hombres y mujeres que impulsados por el amor a sus ancestros buscan completar su imagen en el contexto real hurgando en las crónicas de la época, siguiendo los pasos de los primeros colonizadores que con la cruz y la espada lograron no sin poca resistencia dominar la región. Así encontramos a los primeros jesuitas y la resistencia de los indígenas como el indómito Nacabeba; irreverente ante el padre Gonzalo de Tapia con sus vanos esfuerzos por convertirlo a la fe católica.
Toda esa energía se reúne aquí con el ánimo de que, entendamos mejor cómo se ha ido construyendo el pasado y presente histórico de este Sinaloa, crisol de infinitas esperanzas pero también de muchas realidades.
Primera edición
marzo 2003
Gobierno del Estado de Sinaloa