Indígena que se afilio al villismo y entre la sierra de Camayeca y el Pacifico, puso en pie de guerra 2,000 indios del desierto de Sonora, llanos de Sinaloa, montañas de Nayarit, con los que inicia su leyenda de caudillo invencible y sanguinario. Sembraba el pánico donde quiera que iba; era algo así como la furia desencadenada a la que no detenían las tropas enemigas ni los lamentos de sus victimas. Durante años Bachomo se enseñoreó del Valle, y noche a noche, en diferentes sitios realizaba matanzas y al clarear volvía al cuartel de Jaguara rebosante de botín, bacanora, tesgüino y alcoholes… hasta que el Gral. Iturbe, Jefe de la Primera División del Noroeste dispuso batirlo. Al frente del 5° de Sinaloa, salió el Coronel José Gonzalo de Escobar. Semanas enteras se prologó la campaña contra los indios. Al fin derrotados, el invencible caudillo del Río Fuerte fue capturado conduciéndolo a la ciudad de Los Mochis donde se le juzgó sumariamente. Los indios fieles cavaron allí mismo su sepultura, al lado de la línea férrea, cubriéndola de piedras. Veinticinco años más tarde la tumba se conserva igual y a todas horas del día o de la noche, manos misteriosas colocan sobre ella, velas, flores, aguardiente y comida para el derrotado guerrillero. A raíz de su muerte, indios peregrinos corrieron el rumor de que Bachomo aparecíase por las noches, montado en caballos de viento y que concedía gracias y favores a quienes se los solicitaren. Desde entonces principió la leyenda de las apariciones, leyenda que todos en el norte de Sinaloa conocen y difunden en las pláticas nocturnas.