Del romance popular tenemos la siguiente composición: Año de mil ochocientos, ochenta y ocho al contado, Heraclio Bernal murió por el Gobierno pagado. Estado de Sinaloa Gobierno de Culiacán, ofrecieron diez mil pesos pesos por la vida de Bernal. La tragedia de Bernal en Guadalupe empezó por unas barras de plata que dicen que se robó. ¿Qué dices, Cuca? ¿Qué dices, pues? Ya están los caminos libres: ¡Vámonos pa San Andrés! Heraclio Bernal gritaba que era hombre y no se rajaba, que subiéndose a la sierra peleaba con la acordada. ¿Qué es aquello que relumbra por todo el camino real? Son las armas de dieciocho que trae Heraclio Bernal. Heraclio Bernal decía: yo no ando de roba bueyes, pues tengo plata sellada en Guadalupe Los Reyes. Heraclio Bernal gritaba en su caballo alazán: no pierdo las esperanzas de pasearme en Culiacán. Heraclio Bernal decía: sin plata no puedo estar; vamos arriba, muchachos, a Guadalupe a rayar. Heraclio Bernal decía cuando estaba muy enfermo: máteme usted, compadrito, pa que le pague el Gobierno. Decía Crispin García muy enfadado de andar: si me dan los diez mil pesos, yo les entrego a Bernal. Le dieron los diez mil pesos, los recontó en su mascada y le dijo al comandante: alísteme una acordada. Vuela, vuela palomita, vuela, vuela hasta el nogal; ya están los caminos solos: ¡Ya mataron a Bernal!”