San Ignacio

El Tambor, amanecer y ocaso de un pueblo minero 1930-1950

agosto 21, 2026 admin 13 min read

Presentación

Los orígenes de los asentamientos humanos en Sinaloa han sido muy diversos y han estado influidos por factores naturales, económicos, políticos y sociales que los han determinado, en cada uno de los periodos de la historia sinaloense. Durante la etapa prehispánica, el factor natural fue fundamental, ya que los pueblos indígenas del actual territorio sinaloense se establecieron a la orilla de los ríos u otras corrientes fluviales. En la época colonial aparecieron nuevos factores políticos que fueron muy influyentes, como el dominio español; que contrajo el establecimiento de villas hispanas sobrepuestas en los antiguos poblados de los naturales o la creación de nuevos asentamientos que sirvieron para delimitar el avance peninsular en el territorio del noroeste, como el Fuer- te de Montesclaros, en el norte, o el de San Juan Bautista, en Mazatlán. De igual forma surgieron centros de población de ciertos asentamientos de indígenas nahuatlacas que acompañaban a los conquistadores españoles como parte de la avanzada militar en contra de los nativos rebeldes. Ejemplo de estos pobla- dos son Escuinapa y San Juan Jacobo, en el municipio de Concordia. Asimismo, se crearon nuevos poblados, como Copala, Pánuco y Cosalá, debido a las
recientes actividades económicas impuestas por los conquistadores vinculadas con la minería y actividades complementarias, la agricultura y la ganadería.
A finales del siglo xix y principios del xx se agregaron nuevas fuentes de causalidad surgidas por las variaciones económicas, principalmente, por las nuevas rutas de transporte, como los nuevos ingenios azucareros de El Dorado, Navolato, San Blas, Guamúchil y Dimas.
Posteriormente, durante el periodo posrevolucionario, se añadieron nuevos factores políticos y económicos, como la implementación de la reforma agraria durante el cardenismo, que determinaron la creación de nuevos centros de población, como el de Juan José Ríos, en el municipio de Guasave. Por otra parte, persistieron factores que provenían de la época colonial y que siguieron vigentes hasta el pasado siglo, por ejemplo, el descubrimiento de nuevos yacimientos minerales.

Los inicios de El Tambor

Al igual que el de muchos pueblos mineros, los orígenes de El Tambor están rodeados de mitos y leyendas. Al respecto, Judith Manjarrez sostiene que el descubrimiento de los placeres de oro en El Tambor se dio a fines de 1930. Según la historia, un empleado de Secundina de Ayala descubrió los placeres cuando, después de buscar un ganado perdido, vio brillar en la arena del río una pepita de oro mientras saciaba su sed., los inicios del pueblo minero de El Tambor se produjeron a las orillas del arroyo El Tambor, a 40 kilómetros al noroeste de la cabecera municipal de San Ignacio, muy cerca de los límites con el municipio de Cosalá. Los acontecimientos posteriores al descubrimiento tienen que ver con la llegada de los primeros, pobladores y la organización del yacimiento para su explotación.
Los terrenos situados al margen del arroyo de El Tambor eran propiedad de las señoras Manjarrez, por lo que Gabriel Ayala, vecino de Zoquititán, dentro del municipio de San Ignacio, acudió ante Adrián Manjarrez Laveaga, hermano de las propietarias, para mostrarle el descubrimiento y organizar su explotación. Por ello, el 24 de enero de 1931, Adrián Manjarrez, Gabriel Ayala, Humberto Lizárraga, Juan B. Blancarte, Alejandro Blancarte, Enriqueta Manjarrez de Murguía, Bernardo Escobosa, Francisco Larrañaga, Antonio Bastidas, José Luis Bernal, Ramón A. Gutiérrez y Francisco Javier Aragón acordaron formar una sociedad y denunciaron ante la Agencia de Minería el fundo La Guillermina, de 80 pertenencias en predios, propiedad de Enriqueta Manjarrez, viuda de Murguía, ubicadas en El Tambor, comisaría de Campanilla, San Ignacio.
Sin embargo, por su parte, Juana Manjarrez, viuda de Bueso, ya había hecho el denuncio ante la misma Agencia de Minería el 15 de enero del mismo año. No obstante, de acuerdo con El Demócrata Sinaloense, el primer fundo minero denunciado fue el de La Providencia, el 28 de noviembre de 1930.4 Posteriormente, los denuncios se multiplicaron, y a mediados de febrero había cuatro nuevos fundos mineros en la misma ubicación: San Justo de Oro, con 80 pertenencias, Guadalajara, con 360 pertenencias, Soquititán, con 150 pertenencias y La Tambora, con 261 pertenencias. A estos se agregaron, como lo deduce Pablo Lizárraga al analizar un plano del lugar, los fundos mineros de Guadalupe, Santa Elena, La Argentina y La Estrella. Durante 1931 se denunciaron un total de 42 lotes mineros.

Organización y conflictos por la propiedad

La primera sociedad establecida para explotar los yacimientos de oro de El Tambor desapareció, debido a que los socios se negaron a pagar los impuestos correspondientes ante la Agencia de Minería local, ya que Manuel Llantada argumentaba que los terrenos donde se ubicaba el yacimiento pertenecían al municipio de Cósala y eran propiedad de La Negociación Minera de Guadalupe de los Reyes. Ignorando estos hechos, el 14 de febrero de 1931 Adrián Manjarrez formó, junto a Francisco Villaseñor, Mauricio Padilla, Rosendo Rivas y Manuel Hermosillo, una nueva sociedad cuando denunció el fundo minero de La Tambora.
Aunado a esto, la presencia de intereses norteamericanos asociados con mexicanos también se hizo presente. El 28 de noviembre de 1932 se registró La Compañía Minera El Tambor, S. A., con un capital de 50 000 pesos, aportado por Frederich R. Goetler (5000 pesos), Marino S. Cordoba (40000 pesos) y George H. Cross (5000 pesos), con el objeto de explotar el fundo minero La Estrella, el cual habían arrendado a Francisco Lafarga y Heriberto Navarro. Esta empresa estuvo funcionando hasta principios de la década de 1940, según una convocatoria publicada en el Periódico Oficial del Estado.

La riqueza aurífera de El Tambor originó disputas no solamente entre particulares, sino también fueron objeto de las ambiciones de políticos y militares. Juana Manjarrez, viuda de Bueso, y su hijo Alberto Bueso, propietarios del fundo Cruz Negra, interpusieron una queja el 13 de agosto 1935, ante el presi- dente Lázaro Cárdenas, afirmando haber sido objeto de un intento de despojo por parte del gobernador de Sinaloa, Manuel Páez. El gobernador en turno, según los demandantes, intentó explotar su fundo minero por su cuenta, ya que el 10 de abril de este mismo año envió a Matías Lazcano (recaudador de rentas) para tal efecto, con la anuencia y complicidad del jefe del Sector Militar, teniente coronel Cruz Medina, quien no trató de impartir el orden, afectando a más de 225 familias. Medina, años tarde, en 1945 apareció como concesionario del fundo Cruz de Oro en este mismo centro minero.
Por su parte, Pánfilo Alvarado también interpuso una queja ante el gobierno cardenista el 6 de marzo de 1936, debido a que fue despojado de sus propiedades mineras en El Tambor, por elementos políticos de la administración paecista.

Tecnología y producción

Inicialmente, el yacimiento de oro de El Tambor se explotó de manera rudimentaria, sin molino ni planta de beneficio, usando tahonas y lavando las arenas en las bateas. Además, debido a que no había oficina de ensaye, esta fase se realizaba de manera técnica por fusión o procedimiento húmedo por medio de ácidos. Es por esto que los ensayes se hacían en cucharas de cuerno, por lo que solo se podía valorizar el oro nativo y no el mezclado con otros metales.
Posteriormente, en 1933, el lavado de las arenas se hizo en dos molinos de particulares. Uno de ellos, que era propiedad de la familia Escobosa y lo rentaban a 20 pesos por tonelada de maquila, tenía una capacidad de molienda con clasificador de 15 a 20 toneladas por día, en el que se perdía hasta 30 % del mineral. El otro molino molía de dos a tres toneladas diarias y con una pérdida entre 15 a 20 %. Según un inspector de la agencia minera, estas pérdidas se debían a que los molinos carecían de cribas más finas y de cedazos del número 100, con clasificadoras instaladas para que las arenas que lavaban tuvieran un movimiento continuo.9
La explotación directa del yacimiento lo realizaban los gambusinos bajo el sistema de tercería, en el que los propietarios de las concesiones mineras recibían 33 % del producto, cuyos ensayes eran entre dos a 20 gramos de oro por morral de 10 kilogramos, por lo que se estimaba que se producía hasta 200 gr y dos kg por tonelada de arena procesada. Por ello, se afirmaba que durante plena bonanza minera en cada uno de los campos mineros que integraban El Tambor se obtenían entre cinco y seis kg de oro diario. Era tal la abundancia de oro que entre los gambusinos se ayudaban con hasta medio kg del metal para completar el pedido del patrón.
El sistema de tercería trajo como consecuencia una mayor explotación de los gambusinos, ya que el concesionario del fundo minero se quedaba con 33 % sin aportar capital alguno, mientras los mineros solo contribuían con las herramientas que eran otorgadas a crédito por los comerciantes, muchos de ellos dueños de concesiones; además, tenían que pagar el lavado de la arena que se hacía en los molinos. Por eso, desde 1937 entre los mismos mineros se planteaba formar cooperativas para evitar la explotación y abusos que padecían. Así, durante ese mismo año, los mineros, ya agrupados en El Sindicato de Trabajadores y Gambusinos de El Tambor, protestaron ante el presidente Cárdenas por las condiciones en que trabajaban y solicitaron que se redujera la tercería o en caso contrario que se expropiaran los lotes de los propietarios, para que fusionados se organizaran en cooperativas de producción que pudieran ser susceptibles a créditos del Banco Obrero de Fomento Industrial.
La producción de El Tambor, como la de todo yacimiento minero, tuvo sus altibajos. El primer ciclo de bonanza fue de 1930 a 1939, sin embargo, de acuerdo con la versión de un agente viajero publicada en El Demócrata Sinaloense, a principios de este último año, los trabajos estuvieron suspendidos debido a la baja rentabilidad y al agotamiento de las vetas. Para 1943, según este periódico, hubo un resurgimiento al encontrarse nuevas vetas de oro; aunque no eran tan ricas como las anteriores, si fueron capaces de impulsar de nuevo al pueblo que estaba abandonado por completo.
No obstante, esta nueva bonanza no duró por mucho tiempo. Al respecto, El Correo de la Tarde publicó que este nuevo auge minero de El Tambor fue de 1944 a 1945 y que se había reflejado en las buenas cantidades de oro por tonelada de tierra que se habían conseguido en los lotes Cruz de Oro —que obtuvo 2.5 kg por tonelada—, La Estrella, El Diamante, La Durangueña, San Bernardo y La Indina. A pesar de que hubo momentos de prosperidad, la bo- nanza minera duró algunos años más, pero la decadencia minera observada hizo que El Tambor se uniera a los pueblos mineros fantasmas de Sinaloa y de todo el país.
Acerca de la producción de oro de El Tambor de 1930 a 1939, según estimaciones de Pablo Lizárraga Arámburo, se extrajeron 80 t de oro (un promedio de ocho t por año), cantidad que corroboró Alberto Bueso, uno de los propietarios de las concesiones de este placer de oro.
Sin embargo, estos datos parecen exagerados si la comparamos con la producción aurífera obtenida en el estado de Sinaloa para esos años. En Sinaloa, sin tener la información completa para el periodo de estudio, la producción de oro osciló entre 1084 kg en 1930 a 1083 kg en 1939 y de 979 kg de 1940 a 905 kg en 1942, cantidades que en nada se aproximan a la propuesta por Lizárraga y Bueso (ver el tabla 1).

Tabla 1. Producción de oro de Sinaloa, 1929-1951

Añokilogramos
1929970
19301084
19361283
1937929
19381110
19391083
1940979
1942905
1951217


Fuente: Román Alarcón, 2005, La economía del sur de Sinaloa, 1910-1950,, Culiacán, Sinaloa: difocur, Instituto de la Cultura de Mazatlán, pp. 150, 209 y 271.

Podría suponerse que gran parte de la producción de oro obtenida en El Tambor habría sido de contrabando, y por eso no figura dentro de los registros oficiales; sin embargo, esto es poco posible, debido a que para estas fechas el control a través de las agencias de minería era mayor; además, al iniciar la explotación de estos yacimientos, el Banco de México, S. A. en 1931 celebró un contrato con todos los concesionarios para que el total de la producción aurífera obtenida fuera adquirido y destinado exclusivamente a la acuñación de moneda nacional.

Población

La población de El Tambor fluctuó en relación directa al auge y decadencia de la actividad minera. En 1930 las tierras adyacentes al arroyo de El Tambor esta-ban deshabitadas y enmontadas y solo se utilizaban para actividades pecuarias. Tres años después de los inicios de la explotación de los yacimientos auríferos y la llegada de los buscadores de oro, comerciantes, etcétera, la población ascendió a 4000 habitantes en su mejor periodo. Sin embargo, este asentamiento fue temporal, y cuando se agotaban las vetas se daba también el abandono por parte de sus habitantes. Para 1940, la población cayó hasta 806 personas y, a pesar del nuevo auge minero observado a partir de 1943, no logró el esplendor de los primeros años, a tal grado que para 1950 bajó aún más hasta llegar a los 40 habitantes.
En las décadas siguientes, la población de El Tambor no tuvo aumentos significativos, ya que nunca recobró su posición como centro minero de importancia y solo permaneció como una pequeña ranchería del municipio de San Ignacio.
Entre las familias y personajes involucrados en la explotación del oro en El Tambor, además de los Manjarrez, se ubican, en el campo Los Coquitos, las familias Domeneche, Torrero Guerrero, Arreola, Lafarga, Figueroa, entre otros; en El campo de Cheno, Ignacio Manjarrez, José A. Millán, Ramón Castro, R. Vivanco y Wenceslao Tostado, y en el campo El Pozole, Ayala, Lafarga, Bernal, Diarte, Padilla, Villaseñor, Rivas, Hermosillo y Pérez Meza.
Es relevante señalar que en El Tambor se inició como cantante Luis Pérez Meza, pues durante los periodos de bonanza minera se realizaban grandes festejos donde la música tocaba por varios días, por eso muchas de las ganancias de los gambusinos fueron a parar a manos de los propietarios de las cantinas. Pablo Lizárraga comenta al respecto que «el gusto de los mineros era amontonar 40 cartones de cerveza y bailar arriba de ellos con la música tocándoles; por eso los que más dinero ganaron fueron los compradores de oro, los comerciantes y los que vendían aguardiente».

Conclusiones

El factor económico, como lo fue la explotación minera, fue la causa determinante del origen y desarrollo de El Tambor, pero también la causa de la des- bandada de sus habitantes. De modo que pasó a ser uno de los centros mineros casi deshabitados del estado de Sinaloa, como Guadalupe de los Reyes, en el municipio de Cósala, o Pánuco y Copala, en el municipio de Concordia, que durante los años cuarenta entraron en franca decadencia y su población nunca recuperó los niveles observados durante su auge minero.

Fuentes

Archivos
Registro Público de la Propiedad de Mazatlán (rppmaz), Sección Comercio. Archivo General de la Nación (agn), Galería Fondo Lázaro Cárdenas.
Hemerografía
Periódico Oficial del Estado de Sinaloa (poes), Culiacán, México, 1931-1940. El Demócrata Sinaloense, Mazatlán, México, 1944-1945.
El Correo de la Tarde, Mazatlán, México, 1937-1943.
Bibliografía
Lizárraga Aramburu, Pablo, 1999, Historia sumaria de la minería, Culiacán, La