Al detenernos en la revisión de los movimientos revolucionarios de México nos percatamos de que existen interesantes diferencias que muestran una mayor complejidad respecto del movimiento iniciado en 1910, frente, por ejemplo, al de 1810. Al ocuparnos de este, es aparentemente fácil clasificar a los involucrados en dos bandos más o menos homogéneos (por un lado los insurgentes y por otro los realistas) y además es fácil de situar históricamente: simplificando al máximo, el inicio del movimiento independentista se da en septiembre de 1810, mientras que el triunfo del movimiento independentista ocurre en septiembre de 1821.
¿Qué pasa con la revolución que inicia en 1910? Primero, no es fácil ubicar a los protagonistas en solo dos bandos: maderistas, villistas. Los planes revolucionarios: expresiones preconstitucionales… zapatistas, carrancistas, obregonistas o delahuertistas son apenas algunas de las adscripciones que se muestran en diferentes momentos para hacer frente a los regímenes de Díaz, primero, y de Huerta con posterioridad. Sin embargo, la nómina no acaba ahí, sobre todo si se da cuenta de los alcances mucho más regionalizados que van a tener los liderazgos de la Revolución y que serán matizados con la aparición del Partido Nacional Revolucionario en 1929. El otro aspecto es: ¿cuándo realmente concluye la Revolución? ¿Acaso cuando Díaz deja el poder?, ¿cuando Huerta se separa de la presidencia?, ¿cuando se reforma integralmente la Constitución en 1917?, ¿cuando surge el Partido Nacional Revolucionario?, ¿cuando se consolida el modelo presidencial?
Primera edición noviembre 2014
Universidad Autónoma de Sinaloa