ROSA VIZCARRA BELTRÁN (Educadora)

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Nació en el bello pueblo colonial de Concordia, situado en las estribaciones de la sierra Madre Occidental, donde los árboles de amapa y huanacaxtle, embellecen el paisaje. Su llegada tuvo lugar en esa antigua villa de San Sebastián en 1920.

Siendo niña, su familia se trasladó a Culiacán, donde cursó la primaria y secundaria. Logró titularse como maestra en la Universidad Socialista de Occidente (antecedente de la Universidad Autónoma de Sinaloa), el 23 de diciembre de 1939.

Inició su carrera magisterial frente a grupo en el pueblo de Navolato; allí fueron sus primeras experiencias docentes que le ayudarían en el desempeño de su profesión. Después de un tiempo la autoridad dispuso su cambio a la ciudad de Culiacán, donde alternó sus actividades en la primaria con la cátedra de español, en la antigua secundaria de la prevocacional. Se desempeñó como directora de la escuela primaria Tipo, Manuel Ávila Camacho, turno matutino, después lo fue en la escuela Lázaro Cárdenas del Río, turno vespertino en el mismo edificio.

La maestra Rosa Vizcarra fue visionaria, anhelaba la reivindicación magisterial; se distinguió por su participación sindical en su delegación lo que la proyectó  a nivel estatal y enterarse de los problemas de sus compañeros. Durante el periodo 1966-1969, fungió como Secretaria de Finanzas de la  Sección 27 del SNTE.

La maestra Rosita fue dinámica y muy responsable en su trabajo, lo que permitió ganarse a pulso el respeto de compañeros, alumnos y padres de familia. Fue sin duda su trayectoria muy satisfactoria. Trabajó siete años en el sistema estatal y cuarenta en el sistema federal; casi cincuenta años marcaron su vida en la docencia. Los testimonios de quienes trabajaron a su lado la describen íntegra, consciente de la responsabilidad de trabajar con niños y jóvenes.

Fue enérgica; exigente consigo misma. Organizada, siempre velando por la buena marcha de su escuela. Alguna vez manifestó…Me considero una mujer afortunada, porque la vida me ha dado múltiples satisfacciones; pero la más grande de ellas  es el haber sido maestra. Me tocó desempeñar mi trabajo en una bella época de Culiacán, en donde el maestro era respetado y muy querido por la sociedad. Cuántas satisfacciones recibí durante mis años de servicio. Hermosos recuerdos que atesoro en el corazón.

Para las nuevas generaciones de maestros, su mensaje es: ante todo, responsabilidad en el trabajo y honestidad profesional. José Luis López Arciniega, Los educadores en la transformación social de Sinaloa, Historias de vida, Teodoso Navidad Salazar, 2017.

 

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